Por Roberto Pastrana Pagès
Foto: Indymedia
En momentos en que monigotes de los partidos burgueses intentan convencer al movimiento lésbico, gay, bisexual y transgénero (LGBT) de que la conquista de nuestros derechos sólo es viable a través de nuestra inserción en sus respectivas colectividades y de la negociación y el intercambio político con nuestros propios verdugos, el Gobernador coquetea con la Resolución 99 y, descaradamente, tira a la basura una medida que prohibiría el discrimen por orientación sexual en el empleo.
Al ser preguntado por fundamentalistas sobre la derrotada enmienda constitucional, en un encuentro religioso, Fortuño, delegado nacional del Partido Republicano de Estados Unidos, respondió: “Nuestra posición sobre el matrimonio no ha cambiado. La consulta para reducir los escaños en la Legislatura queremos que sea a finales de este año, principios del próximo. No tengo problemas con lo del matrimonio en una consulta, pero tengo que discutirlo con los presidentes legislativos”*, dando señas de que podríamos enfrentarnos a un referéndum antigay antes de despedir el 2010.
Pero ahí no paró su despliegue electorero. Al cuestionársele si daría paso al Proyecto de la Cámara 1725, que prohibiría el discrimen por orientación sexual en el empleo, promesa incluida en su programa de gobierno, sin reserva alguna, contestó: “No sé de qué me hablas. Con todo respeto, una idea general que esté en una plataforma no quiere decir que apoyemos un proyecto en particular”*. Irónicamente, el mismo Fortuño destacaba ‘con bombos y platillos’ en un debate televisivo previo a las elecciones que su partido “era el único” con un compromiso expreso de prohibir el discrimen en el empleo por orientación sexual.
Ambas expresiones representan un balde de agua fría, una bofetada en la cara, para los acomodados cabilderos y pseudoactivistas LGBT que no sólo insistían en votar por Fortuño, sino que llevan meses con la cantaleta de que paremos nuestras denuncias contra la homofobia gubernamental. Necesitan reunirse con Thomas Rivera Schatz y sus secuaces para descubrir lo que todo el pueblo ya sabe: que la homofobia en el Gobierno no dará tregua.
No tienen el más mínimo ápice de dignidad ni de respeto por sí mismos. Y es que no pueden tenerlo quienes aceptan ‘con el rabo entre las patas’ que nos nieguen nuestros derechos más básicos. Adecúan sus aspiraciones a las migajas que estén dispuestos a darnos los gobernantes, según su cálculo electoral. Se reúnen con nuestros enemigos, terminan siendo humillados y, peor aún, no quieren darse cuenta. Son una vergüenza, no sólo para sí mismos sino para todo el movimiento. Deberían quitarse el disfraz de “activistas de derechos humanos” o “representantes de la comunidad gay” y fundar un capítulo de los Log Cabin Republicans, para que, de entrada, no creen expectativas en quienes a penas los conozcan.
Pero las personas LGBT están claras: los abusos del Gobierno, lejos de desaparecer con la nueva administración, se han recrudecido. Por décadas, hemos pagado con sangre los discursos de odio de políticos y religiosos fundamentalistas. Ahora, no sólo nuestra equidad como personas LGBT se ve amenazada. Como trabajadores, la inmensa mayoría de nosotros está pagando los desbarajustes económicos del Gobierno, que sólo responde a los grandes intereses.
Es nuestro deber permanecer vigilantes, pero, más que eso, se hace imperativo concertar estrategias diversas como movimiento para, junto al resto del pueblo trabajador, derrocar a este Estado burgués, marioneta de capitalistas y fundamentalistas, y derrotar sus ataques orquestados contra la clase obrera, contra los más marginados y contra toda disidencia a la privilegiada heterosexualidad.
Organicémonos y unámonos a la lucha, no sólo contra la homofobia, sino contra toda la ola de opresión que se avecina. ¡Salgamos del armario, unámonos al resto del pueblo trabajador y lancémonos a la calle, por nuestros derechos a ser, a amar, a trabajar y a vivir en libertad y equidad!
