Poder, Cuerpo y Género

"obedecer a ciegas deja ciego" M.B.

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Ni desahogo ni venganza

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Por Nahomi Galindo-Malavé

Susan Sontag observó atinadamente que los derechos de los “hombres” nunca ha merecido una manifestación o una huelga de hambre. En ningún país, los hombres son menores de edad jurídica, como lo fueron las mujeres hasta bien entrado el siglo XX en muchos países. Ningún estado otorgó el derecho al voto a las mujeres antes que a los hombres. Tampoco se ha pensado en los hombres como el segundo sexo.

Cada vez que las feministas levantan su voz, aparecen los neomachistas para “estirar el chicle”. Señalando que pretendemos “invertir las cosas”. Muchas nos preguntamos de dónde sacan esa distorsión que se presta para confundir. Sin embargo, la peor parte no es que resurjan estos neomachistas, sino que algunas personas solidarias se confundan con sus tergiversaciones.

Las personas neomachistas se alarman cuando las feministas y las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero, que son activistas, alzan la voz reclamando justicia. Parece ser que sólo esuchar lemas como “Justicias para las mujeres” o “Justicia para Jorge Steven” es suficiente para levantar espanto entre algunos. Aquellos que creen erroneamente que lo que se pretende es “invertir” se alarman precisamente porque lo que le ha ocurrido a las mujeres y las personas LGBT ha sido espantoso a través de la historia.

En el caso de las mujeres, históricamente han sido minimizadas, patologizadas, infantilizadas, violentadas física y sexualmente.

Me pregunto, ¿Desde cuándo la palabra “justicia” se convirtió en sinónimo de “venganza”?

Todo esto me recuerda un suceso reciente: cuando circularon declaraciones de la actual jueza del Tribunal Supremo estadounidense Sonia Sotomayor, aludiendo a que ella esperaría que una mujer latina fuera mejor jueza que un juez blanco, ello levantó la histeria entre los conservadores en ese país. Dijeron que era “racismo a la inversa”. Es interesante que a aquellos que nunca se preocuparon por el racismo hacia los negros o latinos en los Estados Unidos de momento les preocupe el supuesto “racismo a la inversa”.

Igualmente se levantan los neomachistas en nuestro país. Aquí todavía lamentablemente se naturalizan las agresiones contra las mujeres y personas LGBT cuando alegan que “se lo buscó” o “sabía lo que podía pasar”. Esas sospechas se levantan cuando a esos neomachistas se preocupan que se reclame justicia por tal violencia desatada.

Hay quien plantea, con razón, que la raíz del asunto está en la educación, y no en reforzar el sistema de cárceles y tribunales que, después de todo, existen para defender a los poderosos. Sin embargo, esas preocupaciones no pueden ser pretexto para diluir los esfuerzos contra la impunidad. Quienes traen esa preocupación como parte de una crítica más amplia hacia los movimientos que reclaman justicia contra la agresión parecen olvidar, por ejemplo, que desde hace años las mujeres estuvimos reclamando que se incluyera la perspectiva de género en el curriculo escolar público; sin embargo, fue implementada tardíamente el año pasado para luego ser eliminada por el gobernador entrante.

La composición de cada movimiento social es plural. No obstante, me atrevo a decir que la mayoría de quienes luchamos por los derechos de las mujeres o de las personas LGBT, está clara en cuanto a los objetivos que persiguen nuestros reclamos. No queremos invertir, sino transformar. No queremos desahogarnos, mucho menos vengarnos. Queremos justicia. Reclamar justicia es un lema político contundente, no un capricho personal.

Cuando se pide justicia, se exigen un sinnúmero de cosas: que no quede impune la injusticia, que se atienda ese problema social y que se eduque en las escuelas y en las familias sobre el asunto para lograr la tranformación cultural. Se pide, en fin, justicia. No estamos meramente hablando de una revolución cultural (patriarcal), sino que la estamos trabajando, contra los oídos sordos del Gobierno, con mucho esfuerzo, y desde abajo.

Written by Nahomi Galindo

February 6, 2010 at 12:20 pm

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Seamos la diferencia

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Publicado en El Nuevo Día
16 de mayo de 2009

No fue hasta la década de los 80 que la homosexualidad fue removida de la lista de desórdenes mentales en Estados Unidos. Esta apertura de parte de la comunidad profesional hacia la diversidad sexual, tuvo su paralelo a nivel internacional hace 19 años, cuando la Organización Mundial de la Salud, rectificando una política errada de mucho tiempo, hizo lo mismo. Es por esto que mañana 17 de mayo se celebra, en todo el mundo, el Día Mundial contra la Homofobia.

El conflicto en torno a la diversidad sexual ha resurgido en Puerto Rico durante los últimos años, con la propuesta de permitir las “uniones de hecho” en el nuevo Código Civil y la contrapropuesta, plasmada en la infame Resolución 99, de enmendar la Constitución para definir el “matrimonio” como un contrato exclusivamente entre un hombre y una mujer. Durante el cuatrienio pasado, la mayoría de los políticos utilizaron el tema para pagar favores o para distraer y dividir a la opinión pública. Incluso, la Resolución 99 fue engavetada más por maniobras de última hora que por un compromiso real con la igualdad de parte del liderato político del país.

No obstante, a sólo cinco meses de haber tomado posesión la nueva administración, la homofobia ha brotado de forma verdaderamente virulenta.

La Legislatura se ha convertido en uno de los principales focos de la infección, como demuestran los sucesos en torno a la nominación de Johanne Vélez, y las consabidas y mal camufladas expresiones de desprecio hacia las comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero por parte del presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, la senadora Migdalia Padilla y, más recientemente, el senador Carmelo Ríos.

La lección de este proceso es que el movimiento a favor de la diversidad sexual no puede depender de favores ni negociaciones a puerta cerrada. Sólo la movilización activa y visible de todas las personas que valoran la igualdad y la diversidad puede encender la conciencia de nuestro pueblo, para forjar una sociedad para todos y todas.

Podemos comenzar —calentando motores para que la Parada de Orgullo de junio sea la más masiva y consciente que haya habido— participando en la marcha para celebrar el Día Mundial contra la Homofobia y cerrar con broche de oro la Segunda Jornada Educativa, mañana desde la Torre de la UPR hasta la Plaza Robles de Río Piedras.

Written by Nahomi Galindo

August 22, 2009 at 10:37 pm

Luchemos por lo que falta

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Publicado en El Nuevo Día
4 de marzo de 2009

El 8 de marzo en todo el mundo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, cuyos orígenes se remontan a las luchas de las mujeres trabajadoras de la segunda década del siglo XX por obtener el derecho al voto, mayor respeto en el mundo laboral y mejores condiciones de trabajo.

Desde entonces sigue habiendo avances en muchas áreas, bastantes de ellas, incluso donde se creía haber alcanzado la igualdad. Por ejemplo, en territorio estadounidense, las mujeres podemos hoy celebrar la reciente firma de la “Lilly Ledbetter Fair Pay Act”, norma que promueve la equidad salarial, en respuesta a dictámenes del Tribunal Supremo que restringían las demandas por discriminación en los salarios bajo la ley anterior.

En otros aspectos, el estancamiento es evidente.

Por un lado, la crisis económica mundial, que afecta también a Puerto Rico, amplifica el estancamiento económico de la mujer. La alternativa a la crisis que ofrece el nuevo gobierno está resumida en el informe del Consejo Asesor de Reconstrucción Económica y Fiscal, el cual propone medidas que, de implementarse, aumentarán el desempleo y deteriorarán aún más los servicios públicos, efectos nefastos para la clase trabajadora, y especialmente para las mujeres jefas de familia, que cada vez son más en nuestro país.

Por otro lado, la democracia en Puerto Rico se ve amenazada ante la crisis del estado laico: los crecientes ataques a la separación constitucional de Iglesia y Estado.

En los últimos años el Estado ha sido cooptado por ciertos sectores religiosos, cuya agenda ha sido apadrinada por muchos de nuestros políticos. El ataque se manifiesta abiertamente cuando dilatan la aprobación del nuevo Código Civil. Cuando amenazan con revivir la Resolución 99. Al retirar la carta circular que pretendía incluir la perspectiva de género en el currículo de las escuelas públicas. O al paralizar el nombramiento de Johanne Vélez García como procuradora de la mujer, por hacer expresiones cónsonas con la posición para la cual fue recomendada.

Todas estas acciones tienen el efecto, si no el propósito, de erosionar gravemente los derechos de las mujeres.
A casi un siglo de distancia del primer Día Internacional de la Mujer, el balance de lo que se ha avanzado permanece incierto.

Por ello, este 8 de marzo, y todos los días, más que celebrar, conmemoremos la larga historia de lucha que nos legaron nuestras antepasadas, de la única forma que su sacrificio merece: luchando por lo que falta.

Written by Nahomi Galindo

August 22, 2009 at 10:34 pm