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Graffitis contra la homofobia
Han sido numerosas las formas creativas en la que se ha expresado rechazo a la homofobia por parte de diversos sectores. Una de esas manifestaciones de repudio hacia la homofobia fue a través de graffitis. Estos graffitis, realizados con stencils, manifiestan mensajes claros, precisos y contundentes contra la homofobia. Denuncian el problema de la homofobia y sus extremas consecuencias plasmadas en los crimedes de odio. Además señala a los fundamentalistas como culpables de estos crimenes de odio, siendo estos coautores y promotores de la homofobia a través sus discursos intolerantes, irrespetuosos y de exclusión social contra las comunidades LGBTQ. De esta forma la comunidad LGBTQ exhorta a los fundamentalistas eliminar sus discursos intolerantes, irrespetuosos y homófobicos.
¡Ni un crimen de odio Más! ¡Basta ya! Tod@s somos Jorge Steven.
*Agradezco a Laura B. Aybar la documentación fotográfica de los graffitis contra la homofobia.
¿Un camaleón?
Por Nahomi Galindo-Malavé
Publicado en Diálogo Digital y en Indymedia
4 de septiembre de 2009
Muchas personas en Puerto Rico se creen no ser homofóbicos porque no quieren matar ni quieren golpear a nadie de la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT). Por un lado, eso es un alivio; por otro lado, sépase que hay otras formas de ser violentos contra las diversidades sexuales. La homofobia también se manifiesta a través de estereotipos y prejuicios.
Recientemente, una amiga me envió preocupada una columna que hablaba de la homofobia y la salsa. Al leerla quedé anonadada con la publicación. El bloguero en su discurso presentaba grandes contradicciones. Primero, hablaba contra la homofobia pero a la misma vez la reproducía. Segundo, presentaba un análisis simplista. Aunque señaló algunas canciones homofóbicas, no problematizó las canciones. Además, descuidó distinguir la diferencia entre gay, transgénero y transexual; tampoco la diferencia entre homofobia ni transfobia. Tercero, justificaba su posición únicamente con la Biblia (sigue el fundamentalismo envuelto) y repitió la visión binaria heteronormativa.
Sin duda alguna, muchas de las canciones que el bloguero señaló son homofóbicas. En eso coincidimos. Sin embargo, eso no resulta muy difícil pues precisamente no he conocido hasta el momento un género caribeño que sea pro gay. Sin embargo, al analizar la música hay que hacerlo cautelosamente, precisamente ubicándose en el contexto socio-histórico.
A pesar de que hay muchas canciones homofóbicas hay otras que, a pesar de que no son las más politicamente correctas, (como Simón me limitaré a esta porque no puedo abordar más por el momento), fueron para bien o mal de las primeras y pocas canciones que en su respectiva época comenzaron a promover la tolerancia y comprensión, cuando hacía falta, hacia las diversidades sexuales a traves de difusion masiva como la música en áquel entonces. Quiero aclarar, que hoy día, conformarse con la comprensión y tolerancia no es suficiente. Si no que se debe incluir el respeto y la inclusión.
Aunque este bloguero trata de proyectar “buenas intenciones”, su columna perjudica más de lo que ayuda. Contrario a lo que cree y presenta el mismo columnista, que dice que los gays se pueden “convertir” a heterosexuales, la canción Simón (que habla de la transfobia) establecía con su letra, principalmente, que hay características (identidades) en los seres humanos que no se pueden cambiar, (visión esencialista). Entonces, ¿por qué hay que excluirlos por su identidad y por ser diferentes? Queda evidenciado que las “buenas intenciones” nunca son suficientes, pues los planteamientos del autor son, de hecho, más homofóbicos y ofensivos a las personas LGBT que la misma canción Simón.
Otros problemas que presenta el bloguero a través de su columna es que estereotipa que los gays son gays porque fueron abusados de niños. Además, patologiza la orientación sexual e identidad de género. Es evidente que esta desinformado que hace décadas, se dieron cuenta que estaban equivocados, y la Organización Mundial de la Salud incluso sacó la homosexualidad del libro de enfermedades mentales.
Aunque creo en la libertad de expresión, me preocupan esa libertades de expresión que reproduce formas de violencia. Creo que es una irresponsabilidad la publicación de este blog. Yo me pregunto si cabría en la mentalidad de la prensa la publicación de una columna racista, que diga que: respeta a los/las negras pero que no comparte sus reclamos.
Como bien identificó y me dijo la amiga que me envió el blog, “este bloguero en vez de empezar su columna diciendo que a la mayoría de los gays no les gusta la salsa, (pues no sabemos de dónde saca su generalización); debió haber empezado su columna diciendo: A mi no me gustan los gays y supongo que hay otros salseros homofóbicos que tampoco”.
Por eso reitero que hay que tener cuidado, cuando las personas repiten, inconcientemente o no, discursos fundamentalistas disfrazados de “gay friendly”. Pues, como bien nos adivirtió Rubén Blades: “Ten cuidado con el camaleón;aprende a reconocerlo, aunque cambie de color. Ten cuidado con el camaleón; no me arrastra tu corriente porque no soy camarón.”
Discrimen vestido de legalidad
ÉRIKA FONTÁNEZ
Profesora en la Facultad de Derecho de la U.P.R.
Tomado de El Nuevo Día
1 de septiembre de 2009
En 1945, Shelley y Ethel -una pareja de afroamericanos- compraron una propiedad en una urbanización en San Luis. Sus vecinos, junto a la “Asociación de Vecinos”, los demandaron para impedir que vivieran allí. Alegaron que las normas de carácter privado de la urbanización, conocidas como “condiciones restrictivas”, no permitían vivir allí a nadie que no fuera de la raza caucásica. Es decir, mediante acuerdo privado, los vecinos decidieron que allí no podían vivir negros.
No era poco común entonces que en las escrituras de propiedad y mediante “condiciones restrictivas”, los residentes de las urbanizaciones establecieran acuerdos privados para lograr la exclusión y discriminación de afroamericanos. Así, se utilizaba la zonificación y el derecho privado para discriminar contra afroamericanos y asiáticos, en su gran mayoría. Era una vía “privada y legal” para justificar la discriminación. El caso, Shelley v. Kraemer, llegó al Tribunal Supremo de Estados Unidos y en 1948 se le dio fin a esta práctica.
Estos mecanismos no son ajenos a Puerto Rico. Hace décadas las escrituras de la urbanización Pérez Morris en San Juan tenían la misma cláusula del caso Shelley. Pero hoy día las formas de discriminación son menos directas y hay otros grupos discriminados. Ejemplos abundan. Y es que el derecho de propiedad, la zonificación y los modelos de urbanismo como el cierre de calles y el desarrollo de urbanizaciones privadas, se han utilizado y han tenido el resultado de fragmentar cada vez más los grupos y clases sociales en el país. Estos mecanismos propician la elitización de la ciudad y excluyen y discriminan directa o indirectamente por raza, clase o identidad, como la discriminación contra los grupos LGBTT.
Recientemente la prensa informó que una jueza prohibió una “fiesta gay” en una urbanización cerrada. Según el periódico, los vecinos solicitaron que se detuviera la fiesta por tratarse de una actividad que “es promovida por una organización homosexual”. Se argumentó que la fiesta no iba acorde con el “carácter residencial” de la urbanización exclusiva y contravenía sus “condiciones restrictivas”.
Si bien el argumento “residencial” tiene apariencia de neutralidad, siempre habría que preguntarse: ¿se hubiese impugnado otro tipo de fiesta? ¿Cuán distinta es esta fiesta de otras que también pondrían en duda el carácter residencial”? ¿Por qué la referencia a la “organización homosexual”? ¿No será esto parte de la tendencia de sectores conservadores o fundamentalistas, avalada por el Gobierno, de imponerle una moralidad particular al resto de la sociedad (en este caso al dueño de la casa)?
Habría que tener el ojo avizor y cuestionar si de lo que se trata es de discriminación y homofobia por la vía del derecho privado o las normas de urbanismo; si se trata de un acto de discriminación, aunque indirecto, contra las personas LGBTT. A éstos, como a Shelley y a Ethel, se les cierran cada vez más las puertas para el reclamo de sus derechos, de sus espacios, de su dignidad y se les rezaga a una condición de ciudadanos inferiores sin los derechos del resto.
Conviene preguntarnos si se está utilizando el derecho de propiedad para dar la apariencia de legalidad a conductas discriminatorias excluyentes y que atentan contra el derecho a una igual protección de las leyes. Como bien resolvió el Supremo de Estados Unidos, el Gobierno y las cortes, al refrendar normas privadas discriminatorias, violentan la protección constitucional y se apartan de un sistema que debe ser igualitario. Una tendencia en esa dirección -aunque se disfrace de urbanismo- es una discriminación impermisible que ni el Estado ni las cortes deben avalar.
Debe ponerse un alto urgente a las subcategorías de ciudadanos con menos derechos que otros. No debemos permitir que se vista de legalidad la discriminación, el atropello y la exclusión en nuestra sociedad.
Seamos la diferencia
Publicado en El Nuevo Día
16 de mayo de 2009
No fue hasta la década de los 80 que la homosexualidad fue removida de la lista de desórdenes mentales en Estados Unidos. Esta apertura de parte de la comunidad profesional hacia la diversidad sexual, tuvo su paralelo a nivel internacional hace 19 años, cuando la Organización Mundial de la Salud, rectificando una política errada de mucho tiempo, hizo lo mismo. Es por esto que mañana 17 de mayo se celebra, en todo el mundo, el Día Mundial contra la Homofobia.
El conflicto en torno a la diversidad sexual ha resurgido en Puerto Rico durante los últimos años, con la propuesta de permitir las “uniones de hecho” en el nuevo Código Civil y la contrapropuesta, plasmada en la infame Resolución 99, de enmendar la Constitución para definir el “matrimonio” como un contrato exclusivamente entre un hombre y una mujer. Durante el cuatrienio pasado, la mayoría de los políticos utilizaron el tema para pagar favores o para distraer y dividir a la opinión pública. Incluso, la Resolución 99 fue engavetada más por maniobras de última hora que por un compromiso real con la igualdad de parte del liderato político del país.
No obstante, a sólo cinco meses de haber tomado posesión la nueva administración, la homofobia ha brotado de forma verdaderamente virulenta.
La Legislatura se ha convertido en uno de los principales focos de la infección, como demuestran los sucesos en torno a la nominación de Johanne Vélez, y las consabidas y mal camufladas expresiones de desprecio hacia las comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero por parte del presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, la senadora Migdalia Padilla y, más recientemente, el senador Carmelo Ríos.
La lección de este proceso es que el movimiento a favor de la diversidad sexual no puede depender de favores ni negociaciones a puerta cerrada. Sólo la movilización activa y visible de todas las personas que valoran la igualdad y la diversidad puede encender la conciencia de nuestro pueblo, para forjar una sociedad para todos y todas.
Podemos comenzar —calentando motores para que la Parada de Orgullo de junio sea la más masiva y consciente que haya habido— participando en la marcha para celebrar el Día Mundial contra la Homofobia y cerrar con broche de oro la Segunda Jornada Educativa, mañana desde la Torre de la UPR hasta la Plaza Robles de Río Piedras.

