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Primer Coloquio de Desarrollo Económico y Comunitario

1 de diciembre de 2010
Escuela Graduada de Trabajo Social, La Salle
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

 

El Primer Coloquio de Desarrollo Económico Comunitario es una iniciativa de Proyecto Matria dirigida a crear un espacio de diálogo y acción entre los diversos grupos comunitarios que están trabajando proyectos económicos y sociales a través de toda la Isla.

Para fines de este Coloquio, definimos desarrollo económico comunitario como un conjunto de esfuerzos organizados por las propias comunidades para fortalecer sus bases de poder local y contribuir al bienestar socioeconómico de la comunidad. Consideramos, además, que dichos esfuerzos adelantan los derechos humanos de carácter económico, social y cultural de las comunidades al autogestionar soluciones a situaciones que no son atendidas por el Estado.

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Autonomía de nuestros cuerpos

Por Fanny De Argence
Viernes 13 de agosto de 2010
Tomado de Cuadernos Feministas

Cuando hablamos de autonomía de nuestros cuerpos, tenemos que enmarcar esa autonomía desde el poder que ha expropiado esos cuerpos sexuados en cuerpo de mujer. Por eso hablamos de una autonomía a construir, a desarrollar, a defender dentro de una sociedad patriarcal, a la que le exigimos nuestro derecho a ser cuerpos independientes.

Sujetas a derechos plenos. – La autonomía es única y tiene que ver con nuestra experiencia de vida. Las mujeres que hemos luchado por esos derechos, los hemos ejercido aún a costa de nuestras vidas, hemos sido golpeadas, ultrajadas, quemadas, encarceladas.

La autonomía tiene como soporte la libertad. La filósofa Hanna Arendt plantea que la autonomía no puede ser definida en abstracto, sino tiene que ser pensada por cada sujeto social. Hay niveles diferentes desde donde hay que pensar la autonomía: desde las personas, desde cada grupo social, desde cada organización, institución, movimiento, etc. Cuando las mujeres hablamos de autonomía de nuestros cuerpos, estamos cambiando nuestra identidad asignada tradicionalmente de género, nuestra identidad como sujeto mujer.

La autonomía se construye, no es natural y tiene que ser planteada en todos los niveles. Al crecer podemos irnos independizando en menor o mayor grado, vamos desarrollando recursos para dejar las dependencias, pero no necesariamente la autonomía. Las mujeres para construir la autonomía tenemos primero que luchar por nuestra independencia y luego por una definición propia de nuestra identidad como sujeta mujer. La autonomía es una serie de hechos concretos, tangibles, materiales, práctícos, económicos, políticos, sociales, reconocibles y también simbólicos.

La autonomía no pude ser un hecho unilateral, no es suficiente con que la persona, el grupo, la institución, se definan como autónoma, aunque es imprescindible que lo haga. La autonomía es un pacto social.

Para las mujeres nuestra autonomía pasa por deconstruir nuestra sexualidad de género asignada. Es decir, nuestra sexualidad es una construcción social. No se puede decir soy autónoma y mantener mi sexualidad tradicional. La sexualidad erótica y la reproductiva.

Las mujeres tenemos un cuerpo vivido por la experiencia. Por eso no podemos separar nuestros cuerpos de nuestras mentes, mucho menos nuestro cuerpo de nuestra alma. Es una visión de unidad, de integralidad. La autonomía reclama como cuerpo vivido, ser un cuerpo cuya experiencia autonomía sea central, cuyo cuerpo sea autónomo de las otras personas. Como cuerpo visible.

La autonomía es un conjunto de procesos de poder, por lo tanto se constituyea través de procesos políticos. La autonomía es un pacto económico, político, social.

La autonomía implica asumir la propiedad de nosotras mismas, la propiedad absoluta de nuestros cuerpos, de decidir que deseamos a partir de nuestra integralidad como sujetas mujer. No somos objetos sexuales al servicio de otros, sino sujetas con cuerpos sexuados que exigimos todos nuestros derechos

La autonomíade las mujeres implica una pérdida de control sobre las mujeres concretas, la perdida de los beneficios que trae ese control, la perdida de privilegios y del uso y abuso del trabajo de las mujeres. No luchamos contra el patriarcado, sino luchamos por la deconstrucción del patriarcado y por la construcción de relaciones igualitarias.

Las mujeres tenemos que aprender a identificar y solo ver los afanes de libertad en experiencias concretas, cotidianas y no solo en el discurso. Ser autónoma de la propia vida significa tener y sino tenemos, debemos adquirir los recursos para comprender la vida desde otro lugar que no sea la cultura dominante, desde otro lugar que este fuera de las ideologías de la opresión y que nos permita interpretar nuestra propia vida en un estado de bienestar.

Hay que recalcar que la autonomía no solo tiene que ser con la vida privada de las mujeres, sino con una forma distinta de cultura, de sociedad, de estado y de desarrollo. Tiene que ver con el derecho pleno de nuestro ser cuerpo, mente, espíritu, capaz de elegir con libertad e independencia el mundo que deseamos construir.

Tenemos que construir una apropiación de nuestros cuerpos y desmontar la sexualidad de los hombres que se apropian del cuerpo de las mujeres y pactar con todo movimiento que valga la pena porque respeta la individualidad de las personas.


¿Promesa de qué?

José A. Laguarta Ramírez
Publicado en la sección de Voces de El Nuevo Día
Tomado de La más mínima diferencia

En las últimas semanas, los medios de comunicación masiva han informado sobre una verdadera explosión en la ya epidémica racha de violencia machista en este país. Ante el macabro panorama, el gobierno ha decidido convertir su silencio cómplice en aguaje expiatorio, poniendo (¡al fin!) en acción su tan esperada campaña contra la violencia “doméstica”, Promesa de Hombre. 17 mujeres tuvieron que morir (en lo que va de año), pero de ahora en adelante, todo convicto por violación de la Ley 54 tendrá que enfrentar nada más y nada menos que… un taller sobre valores hombrunos diseñado por la hoy desmantelada Procuraduría “de Todos y Todas” (otrora de las Mujeres).

Aparentemente, su desempeño durante la huelga de la UPR no fue suficiente para un gobierno empeñado en retar una y otra vez los límites del cinismo, la mediocridad y la desfachatez. La susodicha campañita, inspirada en el modelo más retrógrado del fundamentalismo machista estadounidense, los notorios Promise Keepers, no sólo no hará absolutamente nada para impedir que mueran las 17 mujeres adicionales a las que estadísticamente les tocará este año (¿tu madre, tu hermana, tu amiga, tu vecina, tu compañera de trabajo?). La Promesa de Hombre (¿valdrá más que la promesa de mujer?), predicada en la mentira oscurantista de que hay valores intrínsecamente masculinos de proteger, dirigir y proveer para la familia (la que no es “torcida” por supuesto), seguramente empeorará la situación, pues son precisamente estos mismos valores los que los asesinos machistas invocan para justificar sus acciones en el instante en que la mujer demuestre el más mínimo indicio de voluntad propia que pudiera amenazar la solidez de estos.

Señor Gobernador: si de verdad quiere hacer algo contra la violencia machista, devuélvale los fondos saqueados a la Produraduría de las Mujeres, destituya a Yvonne Feliciano, entable un diálogo franco y abierto con los sectores que realmente velan por los intereses de las víctimas de las violencia y distánciese de los psico-terroristas que desean imponerle al resto del país su visión de mundo en el cual la mujer no es más que una costilla, posesión del hombre protector y proveedor.

Y de paso, derogue la Ley 7, que ha dejado en la calle a miles de madres y padres de todo tipo de familia, exacerbando conflictos intrafamilares preexistentes y, sobre todo, el desempoderamiento de las mujeres trabajadoras frente a sus potenciales agresores.

De lo contrario, mejor guárdese su promesa vacía.


Simplemente mujer(es)

Por Nahomi Galindo-Malavé
Activista y feminista
Publicado en: El Nuevo Día
Sección Voces
15 de junio de 2010
Pág. 48.

En días recientes se celebró en Puerto Rico una fiesta por los cincuenta años de la conocida revista Playboy, cuyo principal propósito es publicar imágenes de mujeres desnudas. A su vez, varios grupos e individuos llevaron a cabo una protesta contra dicha actividad. Aunque algunos de los argumentos esbozados por los organizadores van dirigidos contra la explotación sexual de la mujer, al igual que muchas otras feministas, yo no me sentí convocada a esa protesta por diversas razones.

En primer lugar, la convocatoria en sí me causó suspicacia. Esta se basa en un discurso dirigido principalmente a defender la “dignidad” de la mujer “puertorriqueña”.

¿Acaso las modelos de Playboy tienen menos dignidad que aquellas personas que fueron protestar? ¿Acaso la dignidad de las mujeres no puertorriqueñas es menos digna de defender? ¿Acaso existe una sóla forma de ser “mujer puertorriqueña”, para hablar de “ella” en singular?

En Puerto Rico habemos, entre muchas otras, profesionales, trabajadoras, madres, casadas, solteras, trans, bisexuales, lesbianas, inmigrantes, e incluso trabajadoras sexuales. En síntesis, esta falsa homogeneidad reproduce uno de los principios fundamentales del machismo: que sólo hay una forma de “ser mujer”. El discurso de la “dignidad” fácilmente puede descarrilarse hacia el discurso patriarcal sobre lo que los hombres quieren (o no quieren) que las mujeres seamos (o no quieren que hagamos, o no quieren que disfrutemos).

Como dijo una amiga, las responsabilidades de una sociedad tan machista, patriarcal y explotadora en todas sus facetas como la nuestra, no deben descargarse única ni principalmente sobre una revista. Tampoco podemos conformarnos con un discurso alegadamente crítico que se limite a ver a las “conejitas” como víctimas pasivas de una explotación más “especial” o indignante que otras, por el mero hecho de que haya sexo o desnudez envuelto. Eso es moralismo.

Este es un tema que amerita discusión y debate mucho más amplio y profundo, entre mujeres, feministas y sectores progresistas. Para mí, una cosa está clara: la historia demuestra que la censura y el prohibicionismo rara vez son remedio efectivo cuando hay agencia por parte de la “víctima”, por reducida que sea.

Más productivo sería considerar sí sería posible y cómo el que las mujeres que trabajan para Playboy y otros medios similares, pueden retar, resistir, subvertir, transformar (y de ser necesario, destruir), desde adentro, los discursos y las formas de explotación machistas que, al igual que en el resto de nuestra sociedad, predominan en las representaciones del cuerpo y la sexualidad.

Rotmi Enciso / Producciones y Milagros Agrupación Feminista
(La foto fue tomada durante la Marcha del 8 de Marzo 1991 en la Ciudad de México, la retratada es Rosalinda Avila Selvas)


Yo, víctima de violencia

Maternidad de Pablo Picasso

Por Nani Álvarez
Colaboración especial para:
La semana de No Más Violencia Contra las Mujeres

Hace poco más de cuatro años tuve un aborto espontáneo. Al no saber qué ocurría con mi cuerpo durante la duodécima semana de mi embarazo me precipité al hospital ente una hemorragia. Luego de un ultrasonido vaginal y de más de siete horas de espera en sala de emergencias por fin llegó la doctora en ginecología. En seguida me dio la triste noticia de que los signos vitales del feto estaban ausentes. En ese momento me rendí ente su “omnipotencia” y muy obedientemente acepté todas sus decisiones.

Desde las dos de la tarde hasta las ocho de la mañana del siguiente día, el líquido proveniente de una pequeña bolsa junto al suero de salina, llegaba gota a gota hasta mi vena. Este líquido llamado Pitocina (oxitocina sintética) causa dolorosas y continuas contracciones en el útero (mucho más dolorosas de lo que podrían ser las contracciones causadas por la oxitocina que producimos durante un parto natural).

A eso de las nueve de la mañana llegó mi escolta con una camilla para trasladarme a sala de operaciones. Una vez ahí se me aplicó la dolorosa anestesia espinal, se me acostó sobre mi espalda, los pies amarrados en la “burra” y se me practicó un raspe. Durante el procedimiento la doctora hace un comentario que me resultó curioso insinuando que el raspe había sido innecesario puesto que ya había expulsado la mayor parte del feto y del contenido del útero.

Me sentí abusada y creí por mucho tiempo que mi cuerpo no funcionaba de manera correcta. Pensé qué sería de estas situaciones sin la intervención de un cirujano obstetra y comencé a buscar información sobre esto en foros de Internet. Para mi sorpresa, aprendí que el cuerpo tiene sus mecanismos naturales, que la muerte es parte misma de la vida y que no era necesaria la mano del doctor. Entonces, extendí mi búsqueda y entendí que todo, hasta el parto, se trataba de un negocio muy lucrativo a expensas de nuestro cuerpo.

A manera de redención, hace casi un año, en un proceso liberador, parí de manera completamente natural a un niño saludable. El 31 de diciembre del 2008 mi cuerpo experimentó un proceso sanador, para mi cuerpo y mi mente. La intervención de los que a mi alrededor se encontraban fue casi nula, mas el amor y el respeto que impartían hacia mi y mi cuerpo fueron clave para la reconquista del poder que hoy conozco. Estoy más que segura que con la doctora que atendió mi aborto era muy probable que este parto acabara con una cesárea a cambio de sus vacaciones.

Somos víctimas de un sistema que nos ha hecho creer la ilusión de que tiene el poder sobre nuestras mentes, nuestros cuerpos y nuestro ser. Seamos responsables y tomemos las riendas de nuestra vida. Levantemos la voz y hagamos de nuestro cuerpo la acción misma que revele que ninguna especie podría sobrevivir si una de cada dos de sus hembras necesitara una cesárea. No hemos cambiado, es solo la artimaña de unos pocos que intentan obtener ganancias y beneficios económicos creando estratagemas que cambian las circunstancias de nuestra naturaleza.

“¿Cómo está el cuerpo de la mujer? Bien, gracias.”


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