Daily Archives: January 13, 2010

Dimensiones éticas del debate sobre la legalidad del aborto: una reflexión materialista

José A. Laguarta Ramírez

El autor es educador y activista social puertorriqueño.

El debate público sobre el aborto en los Estados Unidos y en Puerto Rico ha estado dominado, al menos desde la decisión histórica del Tribunal Supremo de los EE.UU. en Roe v. Wade (1973), por el discurso liberal de los derechos individuales. En esa decisión, el Tribunal determinó que las legislaturas estatales no podían impedir la decisión de una mujer de terminar su embarazo, hasta que el feto adviniera “viable” (capaz de sobrevivir desprendido del vientre materno). En ese momento, según el Tribunal, el interés estatal en proteger una vida potencial adquiría mayor peso que el derecho constitucional de la madre a la intimidad.

De esta manera, un Tribunal compuesto mayoritariamente por hombres, encajonaba el conflicto social entre las mujeres que reclamaban acceso al aborto legal y seguro y los sectores que defendían su criminalización, dentro de un “balance” entre dos derechos: el de la mujer a decidir y el del feto a la vida (como se manifiesta en los respectivos nombres que se ha auto-atribuido cada lado del debate: “pro-choice” y “pro-life”.

Al no definir claramente el momento de la viabilidad del feto en ese momento inicial, el Tribunal dejó la puerta abierta para luego ir restringiendo el derecho a decidir de las mujeres, ante el avance político del movimiento fundamentalista cristiano en los EE.UU.

Gracias en parte a la ideología sancionada de esta forma por el Tribunal, el discurso bio-tecnológico ha sido apropiado abrumadoramente, en el debate subsiguiente sobre la legalidad del aborto, por el sector anti-aborto. De hecho, el auge de este movimiento se debe en gran parte al desarrollo bio-tecnológico moderno. Hasta el siglo diecinueve, el consenso general científico, jurídico y religioso, era que la “vida” comenzaba en el nacimiento (incluso así define aún nuestro actual Código Civil a la “persona”). No en balde no es hasta mediados de ese siglo que el aborto comenzó a ser criminalizado en los estados de los EE.UU. Anteriormente, si bien la práctica no era favorecida, era más bien por razones abiertamente patriarcales y moralistas que buscaban controlar el comportamiento sexual de la mujer. Entrado el siglo veinte, la debilitación de esas justificaciones coincidió con el auge de los discursos y tecnologías que permiten describir el feto como “vida”, y por ende el aborto como “asesinato”.

De esta forma, no sólo se ha reducido cada vez más la ventana del aborto legal según los avances la tecnología pre-natal permiten expandir el periodo de “viabilidad”, sino que las imágenes intra-uterinas de fetos y embriones con “ojitos”, “manitas” y “corazoncitos” son utilizadas en espacios mediáticos para manipular emocionalmente la opinión pública.

Ello por supuesto, pudiera parecer irónico, debido a las fuertes tendencias anti-científicas del fundamentalismo político cristiano que predomina ampliamente en ese sector. Esta aparente paradoja hace resaltar dos señalamientos necesarios.

El primero es que ese sector ha dejado demostrada su gran destreza para manejar discursos pseudo-científico (véase, por ejemplo, el éxito con el que han logrado fabricar un falso debate en torno a los currículos de las escuelas públicas, exigiendo tiempo igual para una supuesta ciencia creacionista que llaman “diseño inteligente”, contra la demostradísima teoría evolutiva de la selección natural). El segundo es que los discursos bio-científicos no necesariamente están tan lejos del fundamentalismo religioso como pudiera aparentar a simple vista. Como ha señalado Slavoj Žižek, la bio-ética que permea incluso el discurso eco-ambientalista ha llegado a reemplazar a la religión en su función hegemónica mistificadora.

El problema es el siguiente: sin negar la importancia que le podamos asignar a la protección de los sistemas vivos (incluyendo el humano) por otras razones, mientras le atribuyamos a la “vida”, en tanto proceso biológico, un valor ético inherente, nos esta vedada entonces, a la especie humana, cualquier intervención activa que tenga un impacto adverso sobre la “naturaleza”. Esto tiene implicaciones directas en el debate en torno a la legalidad del aborto. Veamos.

En primer lugar, mantener el debate dentro del ámbito del discurso liberal de los “derechos” individuales le ha costado muy caro al movimiento pro-opción. Ello se debe a que, por más que se niegue, en el discurso liberal dominante existe una jerarquía implícita de derechos, en la cual el derecho a la vida siempre triunfa sobre los demás, pues se presume aquél sin el cual es imposible ejercitar los demás derechos. Como el liberalismo se fundamenta en una noción monista del individuo sujeto-del-Derecho, en la cual el cuerpo sufriente del individuo es el límite intransgredible de toda acción política, el eco-bio-eticismo tan sólo refuerza esta noción.[1] Aunque desde el feminismo radical y el feminismo socialista a menudo se ha cuestionado la manera en que el discurso jurídico enmarca el derecho al aborto, al articular el problema como defensa del derecho de la mujer individual a decidir, se hace difícil romper con la triada individuo-cuerpo-derecho que gobierna la lógica liberal dominante.[2]

Desde una perspectiva filosófica plenamente materialista (que no se subordina a una lógica más allá de la multiplicidad pura del ser, ya sea divina o “natural”), el estatus ontológico de la vida y la no-vida es estrictamente indiferente. Es decir, la vida, humana o no humana, no tiene una sustancia o esencia ética en sí misma. Ello no implica un desprecio de la vida, ni licencia para actuar de manera anti-ética. Por el contrario, abre el camino hacia la acción propiamente ética, independientemente de la existencia o no de sanciones divinas.[3]

Tampoco significa que no deban existir prohibiciones sociales y consecuencias jurídicas, por ejemplo, contra el acto de matar (para ello hay buenas razones de sobra, que no tengo espacio para discutir aquí, que nada tiene que ver con que la vida sea “sagrada”). Meramente significa que una ética materialista se fundamenta no en certezas inmutables, sino en la lucha individual y colectiva con nuestras propias contradicciones. En momentos en que el conocimiento y los códigos sociales existentes son insuficientes, ello implica la valentía para tomar decisiones inciertas, asumir posiciones y defenderlas hasta sus últimas consecuencias.

En cuanto al debate en torno a la legalidad del aborto, el debate sobre la “vida” o “humanidad” del feto resulta entonces irrelevante. El momento en que “comienza la vida” queda revelado como una construcción social tan arbitraria (y por cierto, culturalmente variable) como la edad en que un “menor” tiene acceso pleno a sus derechos como ciudadano. De nuevo, ello no significa que no pueda haber un consenso social en torno a este particular, sino meramente que no hay razón alguna, que no sea una mistificación (religiosa o bio-ética), que fundamente equiparar jurídicamente el aborto con el asesinato de personas nacidas.

De esta forma, se desvanece uno de los lados del “balance de derechos” que buscaba establecer el Tribunal Supremo en Roe. Lo único que queda es el poder de las personas nacidas “mujer” para controlar sus cuerpos frente a quienes siempre han tenido ese poder – las personas nacidas “hombre”.

Mantener o no el acceso legal, higiénico y seguro a ejercer ese poder, es una decisión incierta (no fundamentada en ley divina o natural) que debemos tomar, continuamente, quienes creemos en la igualdad. Tengamos la valentía de defenderla, hasta sus últimas consecuencias.

[1] Slavoj Žižek, “El humanismo no es suficiente”
[2]Mary Poovey, “The Abortion Question and the Death of Man”, Feminists Theorize the Political, Judith Butler & Joan W. Scott, Eds., Londres: Routledge (1992), pp. 239-256.
[3] Slavoj Žižek, Violencia en el acto: Conferencias en Buenos Aires, Analía Hounie, Ed., Buenos Aires: Paidós (2003), pp. 67-69; véase también Slavoj Žižek, Violence, Nueva York: Picador (2008), pp. 135-137.

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*Nota: Durante la semana del 18-22 de enero de 2010  se celebra el aniversario de Roe v. Wade. Incluimos esta columna a la jornada bloguera Roe v. Wade. Este caso afortunadamente estableció precedentes a favor de los derechos reproductivos de las mujeres en Estados Unidos y Puerto Rico.  Ante esto se abre y se convoca desde el blog Poder, Cuerpo y Género y el blog Mujeres en Puerto Rico a interesad@s en los temas de poder, clase, cuerpo, feminismos, salud y/o derechos reproductivos, para someter trabajos con el propósito de presentar reflexiones, diálogos, conversaciones, sobre los debates internos del movimiento prochoice, y todos los issues que giran en torno a este. Las publicaciones no necesariamente representan las posturas de los blogs.


El aborto es un asesinato si se define la vida desde la concepción. Ahora, ¿podemos definir la vida humana desde la concepción?

Por: Sahir Pujols Vázquez
Estudiante del programa
graduado de filosofía UPR.

Ante cualquier asunto que atañe al ser humano, existe una reflexión ética al respecto.  Unas cosas son las creencias personales moldeadas por la cultura y otras las creencias edificadas sobre datos científicos y las reflexiones valorativas.  Ciertamente, los datos científicos y las reflexiones valorativas son influenciados por la cultura (ya sea por el apoyo económico por parte de  quienes dominan la sociedad y así destinan su uso) sin embargo, estos  no están determinada por la misma. Es decir, sus hallazgos y conclusiones pueden transcender el contexto cultural.  Evidencia de esto podemos mostrarlo en la explicación  del comportamiento molecular,  en la descripción  de  las enfermedades, la identificación de los procesos cerebrales que posibilitan la experiencia subjetiva  y  la defensa de los derechos humanos, ente otros.   Para que se pueda defender un derecho tiene que existir un valor que sea reconocido universalmente o por lo menos que supere la relatividad (1).  Puede existir relativismo en las prácticas culturales, pero tienen un límite cuando atenta a la dignidad humana.   Entre las prácticas culturales que atentan a la dignidad humana, podemos observar  como la mujer es valorada según las creencias que heredan los individuos de manera incuestionable.  La mujer puede ser vendida, se le asigna con quién contraer matrimonio, cuándo y cómo establecer una relación sexual y la participación social que debe tener.  Todas estas prácticas están sostenidas por una excesiva subjetividad  en el cual los individuos que componen la cultura no han sometido sus creencias a una exanimación y por ende, a unos cuestionamientos existenciales.

Los movimientos fundamentalistas fomentan una conciencia ingenua entre sus miembros para perpetuar el estatus quo. Esta consciencia esta privada de los elementos esenciales que identifican la racionalidad humana: la búsqueda de conocimiento, el cuestionamiento, la duda, el dialogo, y la apertura.  Es una conciencia que limita la autenticidad del ser humano y por tanto su realización. En adición, de que por su afán de seguridad y comodidad se convierte en un sujeto manipulable.  La opresión que vive la mujer, al igual que otros grupos, es producto de este tipo de consciencia fomentada en una cultura. La desigualdad tanto en la distribución de bienes como en el reconocimiento de las personas proviene de este tipo de consciencia.  La desigualdad en la mujer repercute en la limitación o anulación de su protagonismo tanto en la toma decisional como existencial. Decisión sobre el cuándo, cómo, y con quién sostener una relación sexual, dónde desenvolverse, el qué hacer ante un evento x, cómo por ejemplo si reproducirse o no .

Reflexiones sobre la limitación de la mujer ante un evento como el de reproducir una criatura. Estas limitaciones, si es que deben de existir, no pueden estar basadas en la concepción de un credo religioso fundamentalista, sino sobre las reflexiones de cuándo comienza la vida y el uso de la libertad.  Según las investigaciones de la neurobiología del feto, reseñadas por el bioeticista y neurocientífico Michael Gazzaniga (2), se puede concluir que podemos conceder una categoría ética al feto desde el sexto mes  de gestación.  ¿Cuál es el criterio para hacer este señalamiento? El desarrollo del sistema nervioso con el cual el feto comienza a experimentar estados de conciencia.  Evidentemente, no sugerimos estados de conciencia complejo como un razonamiento, sin embargo se toma a consideración una actividad sináptica que subyace todas las funciones cerebrales y estas funciones caracterizan la vida humana.  La vida humana a distinción de otros tipos de vida, se caracteriza por los estados de consciencia y autoconciencia producto de los procesos cerebrales articulados, pero flexibles, desde el 6 mes de gestación.  De ésta caracterización , ¿podremos decirle a la mujer hasta cuando puede desistir de su embarazo?.  Desde esta perspectiva, podemos afirmar que si para catalogar un ser persona, y esta catalogación depende del concepto de vida humana y la vida humana de la conciencia, seria evidente que se atentaría contra la vida humana de ese feto si se desistiera de la gestación luego del mes 6.  Y  en respuesta a los fundamentalistas, no se comete ningún asesinato puesto que lo que se asesina es a la persona y este feto no seria  persona humana antes del 6 mes de gestación.  Aquí, si se considera la capacidad de decidir con relación a asuntos éticos, podemos suponer que se hace un correcto uso de la libertad, considerando estos hallazgos científicos.

Tradicionalmente se cerró toda posibilidad de considerar el aborto como algo lícito debido a la concepción de continuidad o potencialidad que se adjudicaba al feto en relación a lo que es una persona. Recordemos, que la concepción de persona humana la hemos heredado del cristianismo en asistencia de la filosofía aristotélica- tomista. Ver el feto como un potencial ser humano responde a los conceptos de acto y potencia en la metafísica de Aristóteles (3). Así, como una semilla contiene en sí la capacidad de ser árbol, implica la continuidad de un tipo de ser hacia otro tipo de ser. En nuestro caso, de un ser fetal a un ser humano.  Desde esta perspectiva, en adición a la postura medieval de suponer que el alma humana se inicia en la concepción, se le adjudica un estado moral al embrión equivalente al de un ser humano postnatal.  Sin embargo, la perspectiva de la continuidad o potencialidad no considera las condiciones y los mecanismos, es decir, la interacción dinámica entre el útero y los diversos niveles de organización y complejidad que son diferentes entre sí y regulados por leyes y propiedades distintas ( 4): ovulo y esperma , cigoto, embrión, y etc.

No es tarea simple definir el concepto de vida. Requiere estar actualizado de los diversos hallazgos y sus polemización. Aunque, se reconoce que no hay una única respuesta.  Por eso, estas reflexiones ofrecen argumentos que propician nuevas perspectivas y posturas.

1. “La objetividad y la subjetividad del valor”.  Raúl Gutiérrez. Introducción a la Ética. 2001. P. 114-117.
2. “Atribución de un estado moral a un embrión”. Michelle Gazzaniga. El cerebro Ético. 2006.p . 22-34.
3. “Libro Noveno”. Aristóteles. Metafísica.  Aristóteles fue uno de los filósofos clásicos con más influencia en la escolástica medieval.  “Sobre el origen del alma”. Summa Teológica . Tomas de Aquino. (http://hjg.com.ar/sumat/a/)
4. “¿ Qué es la vida? Un problema científico – filosófico”. Martin Hahner y Mario Bunge. Biofilosofia. 1997. P 165-180.

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Nota: Durante la semana del 18-22 de enero de 2010  se celebra el aniversario de Roe v. Wade. Este caso afortunadamente estableció precedentes a favor de los derechos reproductivos de las mujeres en Estados Unidos y Puerto Rico.  Ante esto se abre y se convoca desde el blog Poder, Cuerpo y Género y el blog Mujeres en Puerto Rico a interesad@s en los temas de poder, clase, cuerpo, feminismos, salud y/o derechos reproductivos, para someter trabajos con el propósito de presentar reflexiones, diálogos, conversaciones, sobre los debates internos del movimiento prochoice, y todos los issues que giran en torno a este. Las publicaciones no necesariamente representan las posturas de los blogs.


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