Monthly Archives: January 2010

Las mujeres, sus cuerpos y sus vidas

24/01/2010
Por Silvina Sterin Pensel
omado de: El Diario NY

Durante su carrera de cirujana y partera en el Instituto Politécnico Nacional del DF Estela Kempis se codeó con profesores a los que admiraba y vivió experiencias interesantes. Pero a la hora de decidir qué haría cuando obtuviese el título fueron otros factores los que pesaron: “Tenía muchas amigas dentistas, oftalmólogas y de otras ramas de la medicina que se me acercaban preocupadas y me preguntaban, ‘¿Tú no conoces algún medicamento? ¿No leíste nada en tus libros de farmacología?’ Y la respuesta era siempre no. No sabía como ayudarlas a abortar porque en los libros no había nada y nadie hablaba del tema. Como era ilegal, si estabas en esa situación, estabas sola.”

En 1995, al tiempo de haber estrenado su diploma y con pocos fondos y muchas ganas, Estela fundó la clínica Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas; una asociación civil donde las mujeres están en compañía de otras que las ayudan, las guían y responden sus preguntas sexuales sean del calibre que sean.

La clínica se encuentra en Cuernavaca, capital del Estado de Morelos. “Está en el mero centro, sobre la Avenida Emiliano Zapata y esa visibilidad permite que se nos acerquen muchas mujeres de regiones urbanas y rurales”, comenta Estela.

Además de ella que es quien lleva la batuta y toma las decisiones, trabajan allí unas 18 personas entre parteras, psicólogos, psiquiatras, enfermeras y voluntarios. Para muchas mujeres campesinas es la primera vez en sus vidas –a pesar de ser ya adultas y tener familias bien numerosas- que reciben instrucción sobre salud sexual y derechos reproductivos. Quienes lo necesitan pueden hacerse la prueba de embarazo, de VIH y someterse a exámenes para la detección de cáncer de mama y cuello uterino.

El énfasis, afirma Estela, está en la capacitación constante de los profesionales, en la orientación psicológica y la atención de calidad para las mujeres y en hacerlas sentir que no están solas en el mundo. El trabajo que realizan en la clínica les devuelve las riendas de su vida, las pone nuevamente en control.

Su piel es morena y sus cabellos están usualmente trenzados o recogidos en un rodete, lo que sea más práctico para trabajar. Feroz defensora de la despenalización del aborto, esta activista de 38 años está en pareja con un neoyorquino, el documentalista Gregory Berger, con quien se complementan a la perfección. “Hemos hecho el documental Aborto sin Pena que pasamos en colegios, organizaciones de la comunidad y todo lugar que nos permita mostrarlo”.

Tanto Gregory como el pequeño hijo de ambos, Max, de tres años, saben que el trabajo de Estela es una forma de vida y que no hay horarios ni muchas vacaciones ni tiempo libre. Todos así lo aceptan y cooperan a su manera. “Una vuelta llegó una mujer embarazada a la clínica, con una emergencia y Max estaba allí conmigo. Cuando la vio tan triste le acarició la barriga. Quizás sea médico también, ¿verdad Max?”, le pregunta su madre.

De paso por Nueva York, la familia aprovechó para pasar tiempo con parientes pero el principal motivo del viaje fue grabar una radionovela que luego se pasará en emisoras comunitarias de México y otras partes de América Latina y en ‘Sexo en voz alta’, un programa que produce la propia Estela y que es otra de las iniciativas que surgió de la clínica.

Greg escribió el guión basándose en experiencias de las pacientes y luego ambos realizaron audiciones para elegir a los actores, todos voluntarios reclutados a través de Craigslist. En una tarde el grupo dio vida a Lucha, una empleada doméstica sin recursos con dos hijos a quienes mantener y en pareja con un tipo casado que la desprecia cuando se entera que está embarazada.

Son muchas las ‘Luchas’ que llegan hasta la clínica donde se las ayuda a explorar las rutas hacia un aborto legal –el procedimiento ya no se pena en el DF mientras sea durante el primer trimestre-. “Para muchas es difícil viajar hasta el DF”, apunta Estela. “No tienen con quién dejar a sus hijos, ni dinero para costear el viaje, el aborto y la estadía que siempre es larga porque una vez que llegan al hospital no es claro cuándo las atenderán. Hay muchos médicos objetores de conciencia y pocos doctores para una altísima demanda”.

Entran desesperadas y salen aliviadas y con un plan. La clínica les provee los fondos o las conecta con lugares en el DF donde los servicios son gratuitos. Por brindar apoyo, Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas cobra únicamente a quien puede pagar. Pero la gratitud siempre sale a flote y, a su manera, todas las mujeres pagan. “Unas ayudan con la limpieza, otras distribuyen volantes para difundir el trabajo de la clínica y otras me han enseñado a sembrar jitomate y maíz. Y todas”, dice Estela sonriendo, “me recuerdan cada día porqué decidí dedicarme a la medicina”.


Culpable por asesinato de abortista

Por Mónica Davey / The New York Times
Tomado de El Nuevo Día

WICHITA, Kansas – Les tomó ayer a los miembros del jurado 37 minutos para hallar culpable a Scott Roeder, un opositor al aborto, de asesinato en primer grado en la muerte de George R. Tiller, uno de los pocos médicos de la nación en practicar abortos en etapas avanzadas de embarazo.

Cuando se leyó el veredicto en el interior de la Sala del Tribunal del Condado de Sedgwick de aquí, Roeder, de 51 años, no tuvo ninguna reacción visible. Se quedó mirando fijamente hacia el frente, parpadeando. Se enfrenta a una sentencia de cadena perpetua en la cárcel.

Defensores del derecho al aborto alabaron el fallo, diciendo que envía un mensaje fuerte e inequívoco a los otros que creen que la violencia contra los médicos abortistas está justificada y les dice que tales actos serán castigados.

Mientras tanto, algunos opositores al aborto dijeron que Roeder -quien admitió en corte abierta haberlo matado, pero dijo que esta era la única manera como podía detener las muertes de bebés- no había tenido un juicio justo, y que el resultado lo único que podría hacer sería estimular más violencia.

Después del veredicto, los abogados del doctor Tiller emitieron una declaración a petición de su viuda, Jeanne, y de su familia.

En esa declaración, ellos dieron las gracias al jurado y a los fiscales y calificaron el veredicto de “justo”.

“Confiamos que George pueda ser recordado por su legado de servicio a las mujeres, por la ayuda que proveyó a aquellos que la necesitaban y por el amor y felicidad que él nos proporcionó como esposo, padre y abuelo”, decía la declaración.

Durante los argumentos de cierre ayer por la mañana, los fiscales describieron los disparos al doctor Tiller en su iglesia el 31 de mayo no sólo como un homicidio premeditado, sino como “un asesinato planificado” que había sido demostrado “no sólo más allá de duda razonable, sino más allá de cualquier duda”.

“Él alega justificación”, dijo Kim Parker, una fiscal, haciendo un llamado a los miembros del jurado para que hicieran prevalecer la ley, no los puntos de vista sobre el aborto de Roeder, que, dijo ella, él había pregonado con orgullo en el banquillo de los testigos. “Estos no son los actos de un hombre justificado. Estos son actos cobardes”.

Los abogados de Roeder habían solicitado la absolución. Mark Rudy, un defensor público, le dijo al jurado que Roeder había desarrollado sentimientos tan fuertes sobre su fe religiosa y contra el aborto que finalmente se sintió impulsado a dispararle al doctor Tiller, quien había realizado abortos por tres décadas y era un foco de controversia nacional. “Él llegó a creer que el daño a estos niños cada día era inminente”, dijo Rudy.

En su declaración de cierre, Rudy aludió al reverendo Martin Luther King Jr. y a otros temas contenciosos -tales como “la relocalización de estadounidenses nativos” y a las “purgas estalinistas en Rusia”- al hablar de las creencias de Roeder sobre el aborto. “Nosotros no les pedimos que dejen su sentido común en la puerta”, urgió a los miembros del jurado.

El veredicto se produjo casi con tanta rapidez como otro veredicto que se había emitido en esta sala, hace más de un año. Le tomó al jurado del Condado de Sedgwick menos de 30 minutos en marzo pasado para exonerar al doctor Tiller de 19 violaciones sobre delitos menores a la ley de abortos de Kansas -un juicio al que Roeder había asistido en algunas de sus partes, habiendo encontrado uno de sus resultados profundamente frustrante.

Unos pocos meses más tarde, Roeder asesinó al doctor Tiller.

“Él lo confabuló, él lo planificó, él lo llevó a cabo, un asesinato planificado”, dijo Ann Swegle, otra fiscal, ayer en los argumentos de cierre.

“Él les dijo a ustedes, he estado planificando matar a George Tiller desde 1999 -10 años de premeditación”, dijo Swegle. “El estaba convencido de que el doctor Tiller tenía que morir, y él iba a ser la persona que lo mataría”, dijo ella.

El jurado halló culpable también a Roeder de dos cargos de asalto agravado por apuntar un arma a otros dos miembros de la iglesia cuando trató de huir después del disparo.

Mirado intensamente por todos los lados del debate abortista, el juicio se convirtió precisamente en lo que el juez presidente había dicho desde el principio que no debía ser -un juicio sobre el aborto.

El jueves, cuando él subió al estrado para asumir su propia defensa, Roeder lució desapasionado también cuando dijo que él cometió el crimen.

Sí, el compró una pistola. Sí, hizo prácticas de tiro. Sí, se había enterado de los hábitos del doctor Tiller, de su lugar de residencia, de sus precauciones de seguridad. Y, sí, le disparó al doctor Tiller el 31 de mayo pasado cuando el médico se encontraba en el interior de su iglesia. “Esto es correcto, sí”, dijo Roeder al jurado, con voz calmada y desapasionada.


Las mujeres aún mueren por el seísmo

25/01/2010
FRANCISCO PEREGIL
Puerto Príncipe
Tomado de: El País

Ahora que por fin se pueden ver en muchas zonas de Puerto Príncipe colas bien organizadas de gente recibiendo agua y comida; ahora que el Gobierno ha anunciado que los que se han quedado sin casa ascienden a un millón, los heridos son cerca de 200.000 y los muertos más de 150.000…, ahora mismo siguen muriendo en Haití mujeres a causa del terremoto. Pero ya no engrosarán ninguna estadística. Morirán en silencio, muchas de ellas en su casa, sin asistencia médica ni fotógrafos alrededor.

En Haití nunca es raro que las mujeres tengan que dar a luz en su propia casa sin ninguna ayuda, en el más absoluto de los desamparos.

Así lo explica la enfermera noruega de Médicos sin Fronteras Veronica Gran, en el hospital Saint Catherine del barrio Cité Soleil, rodeada de parturientas en tiendas de campaña. “Unas mujeres no vienen nunca al hospital porque no tienen dinero ni siquiera para el transporte. Otras, porque no saben que el parto es gratis, que no se les va a cobrar nada. Y otras, porque saben que se han priorizado las intervenciones de cirugía sobre el resto de la atención médica. Como ocurre en todas las catástrofes, las principales víctimas han vuelto a ser la gente más débil: las mujeres y los niños”.

“Estoy convencida de que al hospital vienen muchas menos mujeres de las que deberían”, añade Gran. “Y muchas de las que están viniendo llegan demasiado tarde, sin que se les haya hecho ningún seguimiento médico durante el embarazo. Padecen infecciones de orina, algo que habría sido muy fácil de tratar si se hubiera detectado a tiempo. Pero como no se hace, las probabilidades de que el niño nazca con infecciones son muy altas. Otras llevan sufriendo contracciones en su casa desde hace varios días y en medio de tanto dolor no saben adónde acudir. Cuando llegan aquí traen el bebé muerto dentro de ellas. Otras han venido con la presión muy alta y con anemia y sus hijos han nacido muy pequeños y muy débiles”.

“Pero si tienes un equipo para partos y no sabes cómo usarlo, de poco sirve. Las mujeres con anemia, si empiezan a sangrar, es muy difícil que superen el parto con vida”, señala la enfermera de Médicos sin Fronteras que ha repartido el material.

En la maternidad del Centro Ginecológico Isaie Jeanty & Leon Audain, el médico residente de tercer año Bordes Edouard certifica que las mujeres han sido apartadas para atender casos supuestamente prioritarios. Y lamenta la desinformación que sufren las parturientas. “Este hospital cerró cuando el terremoto, pero abrió hace tres días y muchas mujeres no lo saben, a pesar de que estamos anunciándolo por la radio. Otras creen que aún hay que pagar por dar a luz, cuando desde hace unos meses los partos son gratis en los centros públicos”.

Si difícil es para las embarazadas llegar a los hospitales, para las violadas el camino se hace inútil. Paul Henock, gerente del centro ginecológico citado, asegura que desde el día del temblor han llegado al hospital tres mujeres para que se las examinase después de haber sido violadas. “Pero las hemos tenido que remitir a otros centros porque no había tiempo para atenderlas”, indica Edouard.

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo en Haití publicado en 2006 indicaba que un tercio de las mujeres del país habían sufrido violencia física o sexual. Y que la mitad de ellas eran menores de 18 años.

En el distrito de Carrefour se han organizado patrullas ciudadanas para proteger a los cientos de personas que viven ahora en las calles. Como el edificio del Ayuntamiento de Carrefour quedó destruido, el alcalde recibe sentado bajo un árbol a todas las familias que van a pedir dinero. La asistente social Malía Joseph atiende a las mujeres.

-Aquí vienen muchas que no tienen dinero, están solas y no saben adónde ir. Para mí eso también es una clase de violación.

-¿Pero cuántas han llegado desde el terremoto para denunciar violaciones físicas?

-Ninguna. Para eso van a la comisaría.

Medio kilómetro más allá, el subcomisario de Carrefour, Angenor Pierre, sentado a la sombra con una pierna cruzada sobre la otra, confiesa:

-Han venido brigadas de ciudadanos para decirnos que hubo dos intentos de violaciones. Pero no hemos tenido tiempo de investigar nada hasta ahora. A partir del martes lo haremos. De todas formas, aquí no suelen venir las mujeres cuando las violan.

-¿Adónde van, entonces?

-A un colegio de monjas que hay ahí arriba. Finalmente, en el colegio de salesianos de Carrefour pueden verse cientos de tiendas de campaña que se han levantado para acoger a los que se han quedado sin casa. Junto a ellas, la monja colombiana Rocío Pérez, de 67 años, que llegó hace 44 a Haití. “En este país las mujeres hacen de mamá y de papá. Son ellas las que traen a los niños a las escuelas y las que se ocupan de las casas. Los hombres pobres son muy negligentes”. Rocío Pérez comenta que el sábado llegó una mujer sola que parió ahí mismo, en una tienda.

-¿Y mujeres violadas han llegado? -De eso no sé. Pero en este país ése es un problema muy antiguo. El Gobierno siempre dice que va a hacer algo contra los bandidos, pero nunca hace nada. Yo recuerdo que a menudo, en el barrio donde yo trabajaba, antes se comentaba que las niñas jovencitas salían a por agua por la noche y a menudo las violaban. Pero ellas no decían nada. Nunca dicen nada.

Si éstas son las vueltas que un blanco ha de dar para sacar algo en claro sobre las violaciones después del terremoto, cuántas no dará una mujer negra, con marido o sin él, que duerma en la calle y que se haya armado de valor para denunciar una violación. Y si decidiera abortar, más le valdría desechar la idea. “Un aborto cuesta desde los cien dólares que cobra cualquier médico charlatán de los que te encuentras en la calle hasta los 250 de uno serio”, informa la asistente social Malía Joseph.


¿Están las mujeres y los niños de Haití recibiendo menos ayuda tras el terremoto?

Tomado de: Organización Panamericana de la Salud

Washington, D.C.
23 de enero del 2010 (OPS)

La experiencia tras otros desastres del pasado indica que probablemente las mujeres y los niños en Haití no estén recibiendo una proporción justa de la enorme ayuda de socorro que está llegando al país después del terremoto de la semana pasada, afirman expertos en salud pública de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).

“Me perturban profundamente las imágenes en los medios difusión que muestran a los haitianos en fila y recibiendo ayuda, y que sean todos hombres” dijo la Dra. Marijke Velzeboer-Salcedo, la principal experta de la OPS/OMS en cuestiones relativas al género. “Estamos viendo imágenes en los periódicos y en la televisión con solo hombres o con una mayoría de hombres, parados o avanzando en las filas para recibir alimentos o agua. No podemos dejar de preguntarnos, ¿dónde están las mujeres? ¿Han todas ellas encomendado su supervivencia a sus hombres? ¿Sabemos que los recursos están siendo compartidos por igual por estos hombres y otros miembros de sus familias?”

Las mujeres y los niños son especialmente vulnerables después de un desastre, subrayan Velzeboer-Salcedo y otros expertos. Esto es especialmente cierto en Haití, donde las tasas de violencia contra las mujeres y las niñas ya eran elevadas antes del terremoto.

En un estudio llevado a cabo por el Banco Interamericano de Desarrollo en Haití en el 2006, un tercio de las mujeres y las niñas dijeron que habían sufrido violencia física o sexual, y más de 50% de las que habían sido víctimas de la violencia tenían menos de 18 años.

“Esperamos y rogamos que las fuerzas de seguridad puedan prevenir y controlar la violencia contra las mujeres” dijo el Director Adjunto de la OPS, Dr. Jon Andrus, citando informes acerca de la creciente violencia tras el terremoto.

“Tenemos que tener presente que los desastres hacen que las desigualdades existentes empeoren aun más” indicó Velzeboer-Salcedo. “Los que son más fuertes y más poderosos, ya sea física o psicosocialmente, o ambas cosas, van a tener mejor acceso a los escasos recursos. Pero cuando las mujeres son privadas de los recursos, es probable que las familias enteras estén privadas de ellos también.”

Ambos expertos instaron a las organizaciones de socorro a que aborden las necesidades distintas de las mujeres, las niñas, los niños y los hombres al realizar evaluaciones de necesidades que tengan en cuenta las diferencias entre los sexos y al procurar que haya tanto hombres como mujeres en los equipos de evaluación.

Los datos recogidos por las organizaciones de socorro acerca de las muertes, las heridas, el desplazamiento y quién está recibiendo ayuda deben recogerse y analizarse por sexo y edad. Esto es fundamental para dirigir los servicios y asistencia según las necesidades reales, explicó Velzeboer-Salcedo.

Las mujeres se enfrentan con otros retos específicos después de los desastres. Por ejemplo, los niños pequeños, las embarazadas y las mujeres que amamantan se consideran en mayor peligro de sufrir desnutrición aguda moderada o grave, al igual que las personas mayores.

El peligro de la desnutrición aumenta cuando, debido a los efectos perturbadores de un desastre, las mujeres dejan de amamantar a sus hijos o no logran iniciar lactancia materna de sus bebés recién nacidos.

“Cuando dejan de funcionar los sistemas de abastecimiento de agua y de saneamiento, es aun más importante que las madres amamanten a sus bebés en lugar de darles leche maternizada mezclada con agua que podría estar contaminada” explico la Dra. Chessa Lutter, una especialista en nutrición de la OPS/OMS.

Velzeboer-Salcedo también instó a los trabajadores que prestan asistencia a que estén alertas ante posibles casos de violencia sexual, explotación y abuso.

“Hace falta más concientización y un esfuerzo mayor para empoderar a las mujeres, que son quienes cuidan principalmente a los heridos y las familias en estas trágicas circunstancias”, agregó.

La OPS se estableció en 1902 y es la organización de salud pública más antigua del mundo. Colabora con todos los países de la Región de las Américas para mejorar la salud y calidad de vida de las personas de este continente. Su secretaría actúa además como la Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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*Agradezco a Sara Benítez el enlace.


El derecho al aborto y los roles de género

Tomado de: Memorias feministas

Por Nahomi Galindo-Malavé

Existen muchas y diversas razones para defender el derecho al aborto. Algunas personas defienden el derecho al aborto como asunto de salud pública, pues cuando está criminalizado, el aborto no deja de existir; por el contrario, a menudo ocurre con mayor frecuencia y se realiza bajo condiciones precarias, poniendo en riesgo la salud de las mujeres. Otras defienden el derecho al aborto como un asunto de derechos humanos, que abarca derechos tan diversos como el derecho a la integridad física, la libertad de decidir y el propio derecho a la vida, pues miles de mujeres la pierden anualmente al procurar abortos ilegales bajo condiciones precarias.

Todos los argumentos para defender el derecho al aborto son importantes, e incluso pueden articularse entre sí. No obstante, en el Aniversario #37 de Roe v. Wade, me parece que es apremiante para quienes defendemos este derecho entender, ¿Porqué es problema para los fundamentalistas, entre otros, que una mujer termine su embarazo? ¿Porqué se proyecta como monstruos a las mujeres que deciden terminar sus embarazos? Son múltiples los factores, pero el principal resulta ser los roles sociales construidos históricamente y culturalmente para las mujeres, y la inequidad en el poder sobre el cuerpo que se le ha asignado a cada género. Se trata, pues, de una relación de poder sobre el cuerpo de las mujeres, la cual se ha desplegado a través de la historia. Cuando una mujer decide abortar, o defiende el derecho aborto, los roles de género son transgredidos.

A pesar de las limitaciones que ocasionalmente tiene el marco teórico de Michel Foucault – pues sus análisis no incluyen perspectiva ni de clase ni de género – este provee una herramienta útil para analizar la transgresión, que se puede extender a la transgresión de los roles de género. Según Foucault, la transgresión “es un gesto que concierne al límite; es allí, en la delgadez de la línea, donde se manifiesta el relámpago de su paso, pero quizás también su trayectoria total, su origen mismo. La raya que ella cruza podría ser efectivamente todo su espacio. El juego de los límites y de la transgresión parece estar regido por una sencilla obstinación: la transgresión salta y no deja de volver a empezar otra vez a saltar por encima de una línea que de inmediato, tras ella, se cierra en una ola de escasa memoria, retrocediendo así de nuevo hasta el horizonte de lo infranqueable. Pero este juego pone en juego muchos otros elementos más; los sitúa dentro de una incertidumbre, dentro de certidumbres de inmediato invertidas, donde el pensamiento se tranca rápidamente por querer captarlos”. Además, según Foucault, la transgresión no es al límite como el negro es al blanco, lo prohibido a lo permitido, lo exterior a lo interior, lo excluido al espacio protegido del resguardo. Para entender la transgresión hay que desprenderla de sus sospechosos parentescos con la ética. Liberarla de lo que está animado por la potencia de lo negativo. [1]

Resulta interesante que cuando la relación de poder sobre los cuerpos de las mujeres no es muy exitosa, o existe la posibilidad de no lograrse ese éxito, el cuerpo de las mujeres ha sido negociado, por los hombres en poder. Un ejemplo de ello resulta ser Nicaragua. Este país pasó por el proceso de la Revolución Sandinista (1979-1990), en el cual muchas mujeres participaron. Durante ese proceso, se logró descriminalizar el aborto. Sin embargo, el actual Presidente Daniel Ortega, quien había sido dirigente revolucionario, usó el cuerpo de la mujeres como ficha de negociación para regresar al poder. Transó con sectores fundamentalistas, particularmente de la Iglesia Católica, y tras resultar electo en el 2006, volvió a criminalizar el aborto en Nicaragua. Actualmente algunas mujeres en Nicaragua transgreden la ley. Ante esto, las nicaragüenses son perseguidas y castigadas por tomar la decisión de terminar su embarazo.

En Puerto Rico el aborto fue criminalizado hasta 1973. A pesar de ello, muchas mujeres transgredían la ley en Puerto Rico, recurriendo a esta práctica porque no existían otros métodos eficaces y accesibles para limitar el número de nacimientos.[2]  El Código Penal de 1902, aunque no eliminó el aborto como delito, permitió excepciones a la prohibición total que había existido hasta entonces. [3]  En el 1937 se revisó el Código Penal; sin embargo, no se alteró ninguna disposición sobre el aborto.[4]  Hubo dos formas a través de las cuales se respondía a la demanda para obtener abortos. Una de ellas eran las clínicas privadas, las cuales resultaban innaccesibles para la mayoría de las puertorriqueñas. La otra, que era más frecuente entre mujeres pobres y de menos recursos,[5]  era a través de comadronas y enfermeras. En la década de 1930, la quinina – que se usaba para tratar la malaria y la proveían los programas de salud pública – también era usada como abortivo.

De hecho, ante las grandes limitaciones de acceso a las clínicas privadas, las mujeres se sometían a abortos clandestinos de todo tipo, a pesar de los riesgos y complicaciones por las pésimas condiciones de salubridad. [6] Este problema llegó a ser relatado por los médicos de hospitales públicos que atendieron mujeres desagrándose y con fiebres altas, a causa de abortos realizados en condiciones precarias sin el equipo ni las destrazas necesarias para enfrentarse a posibles complicaciones y emergencias. [7]  A pesar de que la mortalidad materna en general había descendido, la mortalidad por hemorragias aumentó entre las décadas de 1920 y 1940. Entre las décadas de 1940 y 1960 se establecieron los programas del control de natalidad y se propició la no intervención estatal con relación al aborto. [8]  Sin embargo, aunque a un nivel menor que en décadas anteriores, no dejó de criminalizarse el aborto hasta 1973, cuando se emitió la determinación del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en el caso Roe v. Wade. [9]

A pesar del avance que significó esa decisión, cabe destacar que las mujeres que ejercen el derecho al aborto continúan siendo trangresoras, no ya de la ley, sino del rol de madre impuesto por la sociedad a todas las mujeres. Todavía muchas mujeres piensan que el aborto no es legal en Puerto Rico. El gobierno a través de los años no ha asumido la responsabilidad de que educar sobre sexualidad responsable, prevención de enfermedades venéreas ni prevención de embarazos. Peor aún, lo que predominó en los últimos años fue la campaña peligrosa y mediocre de la abstención. Dicha campaña diseminaba desinformación y no ayudó a prevenir embarazos no deseados, ni en Estados Unidos, ni en Puerto Rico. El resultado de toda esta trayectoria es que hoy en día, a pesar de que el aborto es legal, en una sociedad machista y con el resurgir fundamentalista, realizarse un aborto no es algo fácil. Ser activista en defensa del derecho al aborto tampoco.

La experiencia de la maternidad varía de mujer en mujer. Defender el derecho al aborto no significa obligar a las mujeres a realizárselo; por el contrario, implica que las mujeres que lo necesiten tengan la libertad de elegir sin ser perseguidas ni exponerse a morir en el proceso. Por eso es importante recordar un lema feminista que dice: “Imagina que te prohibieran parir. Ahora imagina que te obligaran”. En esta frase invita a reflexionar sobre cuán macabro es ejercer el poder sobre el cuerpo de la mujer sin incluirla en la decisión.

El poder de decidir sobre el cuerpo y sobre la salud es un derecho que deben tener todas las mujeres, incluyendo el derecho al aborto. Cuando se habla públicamente del derecho al aborto se pide que aquella mujer que lo necesite tenga acceso gratuito, seguro y salubre a él, y que no se le criminalice por ejercerlo. De la mano con el derecho al aborto, reclamamos una educación sexual responsable que incluya formas de prevención de embarazos que no se limiten a la desastrosa campaña por la abstinencia.

Si aspiramos a una transformación social, sin duda alguna debe incluir la transformación política y económica. No obstante, como demuestra el ejemplo de Nicaragua, todo avance de las mujeres será negociable si no transformamos el problema desde su raíz. Si aspiramos a una verdadera transformación social que sea radical, esta debe incluir transformar las relaciones de género de nuestra cultura. Parafreasando a Emma Goldman, si tu “revolución” no incluye el poder de decidir sobre mi propio cuerpo, no me interesa.

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Referencias:

[1] Michel Foucault, Prefacio a la transgresión, en De lenguaje y literatura, Paidós Barcelona, 1996.

[2] Alice Colón, Ana Luisa Dávila, María Dolores Fernós & Esther Vicente, Políticas, visiones y voces en torno al aborto en Puerto Rico, Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico, 1999, p. 76.

[3] Ibid.

[4] Alice Colón, Ana Luisa Dávila, María Dolores Fernós & Esther Vicente, 1999, p. 78. Ver también: Ana Irma Rivera Lassen & Elizabeth Crespo Kebler, Documentos del feminismo en Puerto Rico: Facsimiles de la historia, Volumen 1, 1970-1979, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2001, p. 231.

[5] Ibid

[6] Ibid

[7] Ibid

[8] Alice Colón, Ana Luisa Dávila, María Dolores Fernós & Esther Vicente, 1999, p. 79.

[9] Ibid.

[10] Alice Colón, Ana Luisa Dávila, María Dolores Fernós & Esther Vicente, 1999, p. 84.


El neomachismo

15/01/2010
AMPARO RUBIALES
Tomado de: El País

Nunca pensamos que cuando nuestra democracia se fundamentó, entre otros principios, en la libertad y la igualdad, nos iba a ser más difícil hacer a esta última efectiva y, sin embargo, el miedo a la libertad del que escribió Erich Frömm no era nada comparado con el miedo a la igualdad, más generalizado y resistente.

Se vuelve a demonizar el feminismo al hablar de revancha de género, resentimiento y dogmatismo

Los que defendían “los valores” de la sociedad patriarcal, aunque lo razonaran de muy diversas maneras, eran calificados de machistas. Empezaron a estar mal considerados y fueron disminuyendo “de boquilla” los que así se denominaban; pero cuando la igualdad se va haciendo más plena comienzan a formular nuevos argumentos que, supuestamente, no la cuestionan, pero sí su forma de ejercicio, con ideas que, en ocasiones, llegan a parecer incluso “razonables”. Parecen distintas de las de siempre aunque, en el fondo, desean lo mismo: la subordinación de las mujeres.

Miguel Lorente, en su libro denominado Los nuevos hombres nuevos. Los miedos de siempre en tiempo de igualdad, sostiene que el género masculino ha urdido nuevas tramas para defender su posición de poder, y éstas se basan en los supuestos problemas que la incorporación de la mujer a la vida activa ha tenido, sobre todo, en el ámbito de las relaciones familiares. A esta nueva estrategia la denomina posmachismo, por haber nacido, dice, en el contexto de la posmodernidad, y por haber mantenido desde su aparición una cierta distancia respecto a las posiciones clásicas del machismo o del patriarcado.

Sin embargo, y aunque me parece absolutamente correcto todo lo que argumenta, creo que es mejor denominar a esta nueva forma de pensamiento como neomachista, porque, cada día más, se está transformando en una nueva ideología que se va extendiendo y que se caracteriza, precisamente, por tener miedo a la igualdad. Es una nueva manera de sostener las posiciones machistas de siempre, pero con nuevos discursos y nuevos contenidos. Nadie se llama hoy abiertamente, por ejemplo, fascista, pero es evidente que hay una nueva manera de serlo, y a éstos se les denomina neofascistas.

Los neomachistas equiparan el feminismo con el machismo, tratando de crear confusión en algo que no puede tenerlo, porque pretenden cosas opuestas: éste la primacía del varón y aquél la igualdad entre mujeres y hombres. La diferencia es tan grande que no merecería la pena ni explicitarla, a no ser porque el neomachismo intenta confundir, para poder mantener mejor sus nuevas posiciones, encaminadas, como siempre, a cuestionar los derechos de las mujeres, su autonomía y la independencia ganada. No cuestionan, dicen, la igualdad, pero sí las consecuencias de su ejercicio; están en contra de la violencia de género pero manifiestan con reiteración, por ejemplo, que hay demasiados casos de denuncias falsas, sin añadir que, si así fuera, se estaría cometiendo un delito que hay que denunciar, como en cualquier otro caso.

Hay algún juez que da miedo por las cosas que dice -no quiero ni nombrarlo porque es lo que le gustaría-, pero existen, desgraciadamente, demasiados -también alguna mujer- teóricos del neomachismo que surgen diariamente y que tenemos que desenmascarar como hicimos con los machistas.

Consideran la igualdad como una amenaza, pero no para ellos sino para las relaciones sociales, y lo exacerban en lo más extremo: la violencia de género. El feminismo siempre ha sido ridiculizado y hoy, con nuevas formas, lo vuelve a ser con fuerza. Así, hablan de revancha de género, de feminismo resentido, dogmático o radical, sin más intención que la de volver a “demonizarlo”.

Son manifestaciones de ese miedo a la igualdad que los neomachistas tratan de extender de diversas maneras: sacralizan, por ejemplo, la lactancia materna, culpabilizando a las madres que no pueden practicarla; hacen responsables a las mujeres de los problemas de los menores, con la teoría del “nido vacío”; y del aborto ni hablemos, parece que es un capricho de algunas. Ninguno de ellos dice que está en contra de la igualdad sino que, por el contrario, afirman que somos las mujeres las que estamos haciendo una sociedad con graves problemas de convivencia como consecuencia directa de nuestra necesidad de ser libres e iguales. Nunca entendieron que sin igualdad la libertad no existe, y que aquélla o es real o no es igualdad, y la democracia las exige ambas.

Las mujeres siempre hemos tenido que alcanzar cosas con las que los hombres ya nacían; nos relegaron al mundo privado y hemos ido conquistando -con muchos años y esfuerzo- parcelas de lo público, pero llevando siempre a cuestas la vida privada. Los hombres, que tenían destinado como propio el mundo público, lo han mantenido, y su incorporación al otro mundo lo está siendo en mucha menor medida, de ahí las resistencias a la igualdad que perviven -pese a lo mucho que hemos avanzado- sobre todo en los países desarrollados, porque en otros muchos todavía siguen con el burka, símbolo de la mayor de las discriminaciones que padecen las mujeres.

Tenemos que acabar con todos los burkas del mundo, sabiendo hacer frente con la misma contundencia a los viejos argumentos y a éstos más sutiles del neo-machismo.

Amparo Rubiales es profesora de Universidad, abogada y consejera de Estado.

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Agradezco a Ana Irma Rivera Lassen el enlace.


Dimensiones éticas del debate sobre la legalidad del aborto: una reflexión materialista

José A. Laguarta Ramírez

El autor es educador y activista social puertorriqueño.

El debate público sobre el aborto en los Estados Unidos y en Puerto Rico ha estado dominado, al menos desde la decisión histórica del Tribunal Supremo de los EE.UU. en Roe v. Wade (1973), por el discurso liberal de los derechos individuales. En esa decisión, el Tribunal determinó que las legislaturas estatales no podían impedir la decisión de una mujer de terminar su embarazo, hasta que el feto adviniera “viable” (capaz de sobrevivir desprendido del vientre materno). En ese momento, según el Tribunal, el interés estatal en proteger una vida potencial adquiría mayor peso que el derecho constitucional de la madre a la intimidad.

De esta manera, un Tribunal compuesto mayoritariamente por hombres, encajonaba el conflicto social entre las mujeres que reclamaban acceso al aborto legal y seguro y los sectores que defendían su criminalización, dentro de un “balance” entre dos derechos: el de la mujer a decidir y el del feto a la vida (como se manifiesta en los respectivos nombres que se ha auto-atribuido cada lado del debate: “pro-choice” y “pro-life”.

Al no definir claramente el momento de la viabilidad del feto en ese momento inicial, el Tribunal dejó la puerta abierta para luego ir restringiendo el derecho a decidir de las mujeres, ante el avance político del movimiento fundamentalista cristiano en los EE.UU.

Gracias en parte a la ideología sancionada de esta forma por el Tribunal, el discurso bio-tecnológico ha sido apropiado abrumadoramente, en el debate subsiguiente sobre la legalidad del aborto, por el sector anti-aborto. De hecho, el auge de este movimiento se debe en gran parte al desarrollo bio-tecnológico moderno. Hasta el siglo diecinueve, el consenso general científico, jurídico y religioso, era que la “vida” comenzaba en el nacimiento (incluso así define aún nuestro actual Código Civil a la “persona”). No en balde no es hasta mediados de ese siglo que el aborto comenzó a ser criminalizado en los estados de los EE.UU. Anteriormente, si bien la práctica no era favorecida, era más bien por razones abiertamente patriarcales y moralistas que buscaban controlar el comportamiento sexual de la mujer. Entrado el siglo veinte, la debilitación de esas justificaciones coincidió con el auge de los discursos y tecnologías que permiten describir el feto como “vida”, y por ende el aborto como “asesinato”.

De esta forma, no sólo se ha reducido cada vez más la ventana del aborto legal según los avances la tecnología pre-natal permiten expandir el periodo de “viabilidad”, sino que las imágenes intra-uterinas de fetos y embriones con “ojitos”, “manitas” y “corazoncitos” son utilizadas en espacios mediáticos para manipular emocionalmente la opinión pública.

Ello por supuesto, pudiera parecer irónico, debido a las fuertes tendencias anti-científicas del fundamentalismo político cristiano que predomina ampliamente en ese sector. Esta aparente paradoja hace resaltar dos señalamientos necesarios.

El primero es que ese sector ha dejado demostrada su gran destreza para manejar discursos pseudo-científico (véase, por ejemplo, el éxito con el que han logrado fabricar un falso debate en torno a los currículos de las escuelas públicas, exigiendo tiempo igual para una supuesta ciencia creacionista que llaman “diseño inteligente”, contra la demostradísima teoría evolutiva de la selección natural). El segundo es que los discursos bio-científicos no necesariamente están tan lejos del fundamentalismo religioso como pudiera aparentar a simple vista. Como ha señalado Slavoj Žižek, la bio-ética que permea incluso el discurso eco-ambientalista ha llegado a reemplazar a la religión en su función hegemónica mistificadora.

El problema es el siguiente: sin negar la importancia que le podamos asignar a la protección de los sistemas vivos (incluyendo el humano) por otras razones, mientras le atribuyamos a la “vida”, en tanto proceso biológico, un valor ético inherente, nos esta vedada entonces, a la especie humana, cualquier intervención activa que tenga un impacto adverso sobre la “naturaleza”. Esto tiene implicaciones directas en el debate en torno a la legalidad del aborto. Veamos.

En primer lugar, mantener el debate dentro del ámbito del discurso liberal de los “derechos” individuales le ha costado muy caro al movimiento pro-opción. Ello se debe a que, por más que se niegue, en el discurso liberal dominante existe una jerarquía implícita de derechos, en la cual el derecho a la vida siempre triunfa sobre los demás, pues se presume aquél sin el cual es imposible ejercitar los demás derechos. Como el liberalismo se fundamenta en una noción monista del individuo sujeto-del-Derecho, en la cual el cuerpo sufriente del individuo es el límite intransgredible de toda acción política, el eco-bio-eticismo tan sólo refuerza esta noción.[1] Aunque desde el feminismo radical y el feminismo socialista a menudo se ha cuestionado la manera en que el discurso jurídico enmarca el derecho al aborto, al articular el problema como defensa del derecho de la mujer individual a decidir, se hace difícil romper con la triada individuo-cuerpo-derecho que gobierna la lógica liberal dominante.[2]

Desde una perspectiva filosófica plenamente materialista (que no se subordina a una lógica más allá de la multiplicidad pura del ser, ya sea divina o “natural”), el estatus ontológico de la vida y la no-vida es estrictamente indiferente. Es decir, la vida, humana o no humana, no tiene una sustancia o esencia ética en sí misma. Ello no implica un desprecio de la vida, ni licencia para actuar de manera anti-ética. Por el contrario, abre el camino hacia la acción propiamente ética, independientemente de la existencia o no de sanciones divinas.[3]

Tampoco significa que no deban existir prohibiciones sociales y consecuencias jurídicas, por ejemplo, contra el acto de matar (para ello hay buenas razones de sobra, que no tengo espacio para discutir aquí, que nada tiene que ver con que la vida sea “sagrada”). Meramente significa que una ética materialista se fundamenta no en certezas inmutables, sino en la lucha individual y colectiva con nuestras propias contradicciones. En momentos en que el conocimiento y los códigos sociales existentes son insuficientes, ello implica la valentía para tomar decisiones inciertas, asumir posiciones y defenderlas hasta sus últimas consecuencias.

En cuanto al debate en torno a la legalidad del aborto, el debate sobre la “vida” o “humanidad” del feto resulta entonces irrelevante. El momento en que “comienza la vida” queda revelado como una construcción social tan arbitraria (y por cierto, culturalmente variable) como la edad en que un “menor” tiene acceso pleno a sus derechos como ciudadano. De nuevo, ello no significa que no pueda haber un consenso social en torno a este particular, sino meramente que no hay razón alguna, que no sea una mistificación (religiosa o bio-ética), que fundamente equiparar jurídicamente el aborto con el asesinato de personas nacidas.

De esta forma, se desvanece uno de los lados del “balance de derechos” que buscaba establecer el Tribunal Supremo en Roe. Lo único que queda es el poder de las personas nacidas “mujer” para controlar sus cuerpos frente a quienes siempre han tenido ese poder – las personas nacidas “hombre”.

Mantener o no el acceso legal, higiénico y seguro a ejercer ese poder, es una decisión incierta (no fundamentada en ley divina o natural) que debemos tomar, continuamente, quienes creemos en la igualdad. Tengamos la valentía de defenderla, hasta sus últimas consecuencias.

[1] Slavoj Žižek, “El humanismo no es suficiente”
[2]Mary Poovey, “The Abortion Question and the Death of Man”, Feminists Theorize the Political, Judith Butler & Joan W. Scott, Eds., Londres: Routledge (1992), pp. 239-256.
[3] Slavoj Žižek, Violencia en el acto: Conferencias en Buenos Aires, Analía Hounie, Ed., Buenos Aires: Paidós (2003), pp. 67-69; véase también Slavoj Žižek, Violence, Nueva York: Picador (2008), pp. 135-137.

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*Nota: Durante la semana del 18-22 de enero de 2010  se celebra el aniversario de Roe v. Wade. Incluimos esta columna a la jornada bloguera Roe v. Wade. Este caso afortunadamente estableció precedentes a favor de los derechos reproductivos de las mujeres en Estados Unidos y Puerto Rico.  Ante esto se abre y se convoca desde el blog Poder, Cuerpo y Género y el blog Mujeres en Puerto Rico a interesad@s en los temas de poder, clase, cuerpo, feminismos, salud y/o derechos reproductivos, para someter trabajos con el propósito de presentar reflexiones, diálogos, conversaciones, sobre los debates internos del movimiento prochoice, y todos los issues que giran en torno a este. Las publicaciones no necesariamente representan las posturas de los blogs.


El aborto es un asesinato si se define la vida desde la concepción. Ahora, ¿podemos definir la vida humana desde la concepción?

Por: Sahir Pujols Vázquez
Estudiante del programa
graduado de filosofía UPR.

Ante cualquier asunto que atañe al ser humano, existe una reflexión ética al respecto.  Unas cosas son las creencias personales moldeadas por la cultura y otras las creencias edificadas sobre datos científicos y las reflexiones valorativas.  Ciertamente, los datos científicos y las reflexiones valorativas son influenciados por la cultura (ya sea por el apoyo económico por parte de  quienes dominan la sociedad y así destinan su uso) sin embargo, estos  no están determinada por la misma. Es decir, sus hallazgos y conclusiones pueden transcender el contexto cultural.  Evidencia de esto podemos mostrarlo en la explicación  del comportamiento molecular,  en la descripción  de  las enfermedades, la identificación de los procesos cerebrales que posibilitan la experiencia subjetiva  y  la defensa de los derechos humanos, ente otros.   Para que se pueda defender un derecho tiene que existir un valor que sea reconocido universalmente o por lo menos que supere la relatividad (1).  Puede existir relativismo en las prácticas culturales, pero tienen un límite cuando atenta a la dignidad humana.   Entre las prácticas culturales que atentan a la dignidad humana, podemos observar  como la mujer es valorada según las creencias que heredan los individuos de manera incuestionable.  La mujer puede ser vendida, se le asigna con quién contraer matrimonio, cuándo y cómo establecer una relación sexual y la participación social que debe tener.  Todas estas prácticas están sostenidas por una excesiva subjetividad  en el cual los individuos que componen la cultura no han sometido sus creencias a una exanimación y por ende, a unos cuestionamientos existenciales.

Los movimientos fundamentalistas fomentan una conciencia ingenua entre sus miembros para perpetuar el estatus quo. Esta consciencia esta privada de los elementos esenciales que identifican la racionalidad humana: la búsqueda de conocimiento, el cuestionamiento, la duda, el dialogo, y la apertura.  Es una conciencia que limita la autenticidad del ser humano y por tanto su realización. En adición, de que por su afán de seguridad y comodidad se convierte en un sujeto manipulable.  La opresión que vive la mujer, al igual que otros grupos, es producto de este tipo de consciencia fomentada en una cultura. La desigualdad tanto en la distribución de bienes como en el reconocimiento de las personas proviene de este tipo de consciencia.  La desigualdad en la mujer repercute en la limitación o anulación de su protagonismo tanto en la toma decisional como existencial. Decisión sobre el cuándo, cómo, y con quién sostener una relación sexual, dónde desenvolverse, el qué hacer ante un evento x, cómo por ejemplo si reproducirse o no .

Reflexiones sobre la limitación de la mujer ante un evento como el de reproducir una criatura. Estas limitaciones, si es que deben de existir, no pueden estar basadas en la concepción de un credo religioso fundamentalista, sino sobre las reflexiones de cuándo comienza la vida y el uso de la libertad.  Según las investigaciones de la neurobiología del feto, reseñadas por el bioeticista y neurocientífico Michael Gazzaniga (2), se puede concluir que podemos conceder una categoría ética al feto desde el sexto mes  de gestación.  ¿Cuál es el criterio para hacer este señalamiento? El desarrollo del sistema nervioso con el cual el feto comienza a experimentar estados de conciencia.  Evidentemente, no sugerimos estados de conciencia complejo como un razonamiento, sin embargo se toma a consideración una actividad sináptica que subyace todas las funciones cerebrales y estas funciones caracterizan la vida humana.  La vida humana a distinción de otros tipos de vida, se caracteriza por los estados de consciencia y autoconciencia producto de los procesos cerebrales articulados, pero flexibles, desde el 6 mes de gestación.  De ésta caracterización , ¿podremos decirle a la mujer hasta cuando puede desistir de su embarazo?.  Desde esta perspectiva, podemos afirmar que si para catalogar un ser persona, y esta catalogación depende del concepto de vida humana y la vida humana de la conciencia, seria evidente que se atentaría contra la vida humana de ese feto si se desistiera de la gestación luego del mes 6.  Y  en respuesta a los fundamentalistas, no se comete ningún asesinato puesto que lo que se asesina es a la persona y este feto no seria  persona humana antes del 6 mes de gestación.  Aquí, si se considera la capacidad de decidir con relación a asuntos éticos, podemos suponer que se hace un correcto uso de la libertad, considerando estos hallazgos científicos.

Tradicionalmente se cerró toda posibilidad de considerar el aborto como algo lícito debido a la concepción de continuidad o potencialidad que se adjudicaba al feto en relación a lo que es una persona. Recordemos, que la concepción de persona humana la hemos heredado del cristianismo en asistencia de la filosofía aristotélica- tomista. Ver el feto como un potencial ser humano responde a los conceptos de acto y potencia en la metafísica de Aristóteles (3). Así, como una semilla contiene en sí la capacidad de ser árbol, implica la continuidad de un tipo de ser hacia otro tipo de ser. En nuestro caso, de un ser fetal a un ser humano.  Desde esta perspectiva, en adición a la postura medieval de suponer que el alma humana se inicia en la concepción, se le adjudica un estado moral al embrión equivalente al de un ser humano postnatal.  Sin embargo, la perspectiva de la continuidad o potencialidad no considera las condiciones y los mecanismos, es decir, la interacción dinámica entre el útero y los diversos niveles de organización y complejidad que son diferentes entre sí y regulados por leyes y propiedades distintas ( 4): ovulo y esperma , cigoto, embrión, y etc.

No es tarea simple definir el concepto de vida. Requiere estar actualizado de los diversos hallazgos y sus polemización. Aunque, se reconoce que no hay una única respuesta.  Por eso, estas reflexiones ofrecen argumentos que propician nuevas perspectivas y posturas.

1. “La objetividad y la subjetividad del valor”.  Raúl Gutiérrez. Introducción a la Ética. 2001. P. 114-117.
2. “Atribución de un estado moral a un embrión”. Michelle Gazzaniga. El cerebro Ético. 2006.p . 22-34.
3. “Libro Noveno”. Aristóteles. Metafísica.  Aristóteles fue uno de los filósofos clásicos con más influencia en la escolástica medieval.  “Sobre el origen del alma”. Summa Teológica . Tomas de Aquino. (http://hjg.com.ar/sumat/a/)
4. “¿ Qué es la vida? Un problema científico – filosófico”. Martin Hahner y Mario Bunge. Biofilosofia. 1997. P 165-180.

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Nota: Durante la semana del 18-22 de enero de 2010  se celebra el aniversario de Roe v. Wade. Este caso afortunadamente estableció precedentes a favor de los derechos reproductivos de las mujeres en Estados Unidos y Puerto Rico.  Ante esto se abre y se convoca desde el blog Poder, Cuerpo y Género y el blog Mujeres en Puerto Rico a interesad@s en los temas de poder, clase, cuerpo, feminismos, salud y/o derechos reproductivos, para someter trabajos con el propósito de presentar reflexiones, diálogos, conversaciones, sobre los debates internos del movimiento prochoice, y todos los issues que giran en torno a este. Las publicaciones no necesariamente representan las posturas de los blogs.


Desacreditadas las promesas de campaña y los pseudoactivistas LGBT

Por Roberto Pastrana Pagès
Foto: Indymedia

En momentos en que monigotes de los partidos burgueses intentan convencer al movimiento lésbico, gay, bisexual y transgénero (LGBT) de que la conquista de nuestros derechos sólo es viable a través de nuestra inserción en sus respectivas colectividades y de la negociación y el intercambio político con nuestros propios verdugos, el Gobernador coquetea con la Resolución 99 y, descaradamente, tira a la basura una medida que prohibiría el discrimen por orientación sexual en el empleo.

Al ser preguntado por fundamentalistas sobre la derrotada enmienda constitucional, en un encuentro religioso, Fortuño, delegado nacional del Partido Republicano de Estados Unidos, respondió: “Nuestra posición sobre el matrimonio no ha cambiado. La consulta para reducir los escaños en la Legislatura queremos que sea a finales de este año, principios del próximo. No tengo problemas con lo del matrimonio en una consulta, pero tengo que discutirlo con los presidentes legislativos”*, dando señas de que podríamos enfrentarnos a un referéndum antigay antes de despedir el 2010.

Pero ahí no paró su despliegue electorero. Al cuestionársele si daría paso al Proyecto de la Cámara 1725, que prohibiría el discrimen por orientación sexual en el empleo, promesa incluida en su programa de gobierno, sin reserva alguna, contestó: “No sé de qué me hablas. Con todo respeto, una idea general que esté en una plataforma no quiere decir que apoyemos un proyecto en particular”*. Irónicamente, el mismo Fortuño destacaba ‘con bombos y platillos’ en un debate televisivo previo a las elecciones que su partido “era el único” con un compromiso expreso de prohibir el discrimen en el empleo por orientación sexual.

Ambas expresiones representan un balde de agua fría, una bofetada en la cara, para los acomodados cabilderos y pseudoactivistas LGBT que no sólo insistían en votar por Fortuño, sino que llevan meses con la cantaleta de que paremos nuestras denuncias contra la homofobia gubernamental. Necesitan reunirse con Thomas Rivera Schatz y sus secuaces para descubrir lo que todo el pueblo ya sabe: que la homofobia en el Gobierno no dará tregua.

No tienen el más mínimo ápice de dignidad ni de respeto por sí mismos. Y es que no pueden tenerlo quienes aceptan ‘con el rabo entre las patas’ que nos nieguen nuestros derechos más básicos. Adecúan sus aspiraciones a las migajas que estén dispuestos a darnos los gobernantes, según su cálculo electoral. Se reúnen con nuestros enemigos, terminan siendo humillados y, peor aún, no quieren darse cuenta. Son una vergüenza, no sólo para sí mismos sino para todo el movimiento. Deberían quitarse el disfraz de “activistas de derechos humanos” o “representantes de la comunidad gay” y fundar un capítulo de los Log Cabin Republicans, para que, de entrada, no creen expectativas en quienes a penas los conozcan.

Pero las personas LGBT están claras: los abusos del Gobierno, lejos de desaparecer con la nueva administración, se han recrudecido. Por décadas, hemos pagado con sangre los discursos de odio de políticos y religiosos fundamentalistas. Ahora, no sólo nuestra equidad como personas LGBT se ve amenazada. Como trabajadores, la inmensa mayoría de nosotros está pagando los desbarajustes económicos del Gobierno, que sólo responde a los grandes intereses.

Es nuestro deber permanecer vigilantes, pero, más que eso, se hace imperativo concertar estrategias diversas como movimiento para, junto al resto del pueblo trabajador, derrocar a este Estado burgués, marioneta de capitalistas y fundamentalistas, y derrotar sus ataques orquestados contra la clase obrera, contra los más marginados y contra toda disidencia a la privilegiada heterosexualidad.

Organicémonos y unámonos a la lucha, no sólo contra la homofobia, sino contra toda la ola de opresión que se avecina. ¡Salgamos del armario, unámonos al resto del pueblo trabajador y lancémonos a la calle, por nuestros derechos a ser, a amar, a trabajar y a vivir en libertad y equidad!


Stop Stupack

Por Eva Prados
Titulo original: Stop Stupack
Publicado en El Nuevo Día
Bajo el titulo: Los Derechos Reproductivos
8 de enero de 2010

“La capacidad de una mujer para participar en la vida económica y social de una nación ha sido facilitada por su capacidad de controlar su propia vida reproductiva”. Ésta es una de las tantas expresiones que el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha hecho sobre la importancia de los derechos reproductivos, no sólo para la mujer sino para el desarrollo de un país.

El derecho a decidir sobre la capacidad reproductiva permite que mujeres y hombres tomen importantes decisiones en su vida. Decidir cuándo se quiere o no tener un hijo es una decisión crítica en la vida de una mujer, su familia y es uno de los más importantes temas de salud pública. Sin duda, la libertad reproductiva es una de las piedras angulares para la equidad entre los géneros y la base para el desarrollo de familias saludables.

La Corte Suprema de Estados Unidos demostró un gran compromiso con los derechos humanos y el desarrollo de su país cuando comprendió la importancia de que toda mujer tuviera el derecho a decidir sobre la terminación de un embarazo en la emblemática decisión de Roe v. Wade. Esta decisión no sólo fue histórica para ese país sino que estuvo a la vanguardia del movimiento internacional hacia los derechos humanos de las mujeres.

Sin embargo, la nueva reforma de salud federal trae al debate público uno de los aspectos medulares sobre los derechos reproductivos de las mujeres: el deber del Gobierno de garantizar un verdadero ejercicio de estos derechos asegurando su acceso, sin discrimen por condición social, para que toda mujer puede decidir sobre su salud reproductiva.

El reconocimiento de un derecho a la salud y la intención que existe tras la reforma de salud propuesta por el presidente Barack Obama, es posiblemente una de las iniciativas más importantes en temas de derechos humanos de esa nación. Sin embargo, la enmienda presentada por el senador Bart Stupak para impedir el subsidio federal a planes médicos que cubran abortos (que pasó con una votación de 240 a 194) representa una clara política de discrimen por género con un impacto inmediato en la salud pública de la nación.

El asegurar un acceso completo a servicios de salud reproductiva (abortos, contraceptivos, salud prenatal) es garantizar un derecho a la salud para las mujeres, sin discrimen de género o por condición económica, y logra evitar el terrible riesgo a la salud pública que representan los abortos clandestinos e inseguros, entre otros efectos.

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*Nota: Durante la semana del 18-22 de enero de 2010  se celebra el aniversario de Roe v. Wade. Incluimos esta columna a la jornada bloguera Roe v. Wade. Este caso afortunadamente estableció precedentes a favor de los derechos reproductivos de las mujeres en Estados Unidos y Puerto Rico.  Ante esto se abre y se convoca desde el Blog Poder, Cuerpo y Género y el blog Mujeres en Puerto Rico a interesad@s en los temas de poder, clase, cuerpo, feminismos, salud y/o derechos reproductivos, para someter trabajos con el propósito de presentar reflexiones, diálogos, conversaciones, sobre los debates internos del movimiento prochoice, y todos los issues que giran en torno a este. Las publicaciones no necesariamente representan las posturas de los blogs.


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