Martes 1 de diciembre de 2009
Por Cynthia López Cabán
cynthia.lopez@elnuevodia.com
Tomado de El Nuevo Día
La cifra de mujeres deambulantes en la Isla sufrió un pequeño aumento de un 2%, luego de permanecer estable durante cuatro años, según el Conteo de Personas Sin Hogar 2007.
Este censo consigna que las mujeres constituyen el 22% de la población de personas sin techo. En los conteos del 2003 y el 2005 representaban el 20% de esta población.
Entre los hallazgos del documento se evidencia también que el flagelo de la violencia doméstica empuja a las mujeres a la calle.
El 11% de las personas sin techo son mujeres sobrevivientes de violencia doméstica, una cifra que representa un incremento de un 2% cuando se compara con el Conteo 2005.
“Hay mujeres que quedaron solas luego que sus compañeros cayeron presos y que luego son rechazas por sus familias”, indicó María Luisa Rivera, directora del programa de necesidades especiales del Municipio de San Juan.
Otras mujeres quedaron sin techo en la adolescencia por un embarazo inesperado o por una enfermedad crónica como el VIH (virus de inmunodeficiencia humana).
Ellas duran menos en la calle
Pero contrario a los hombres, estas mujeres se consumen con rapidez, comentó Zaida Guzmán, voluntaria del programa de deambulantes de la Iglesia San Francisco de Asis del Viejo San Juan.
“He observado que en los últimos años, casi todas las mujeres han muerto en uno o dos años (de estar en la calle)”, dijo Guzmán.
Explicó que las condiciones hostiles de vivir deambulando por una ciudad golpean con mayor severidad a las mujeres y contribuyen a su deterioro físico.
“El ambiente en la calle es más difícil para las mujeres. Los hombres las usan o ellas se prostituyen para sobrevivir o conseguir la droga”, indicó la maestra.
El director ejecutivo de la organización sin fines de lucro Iniciativa Comunitaria, José Vargas Vidot, ofreció otras razones para explicar la situación.
“Las mujeres llegan a las calles con heridas emocionales más fuertes que los hombres”, señaló el médico.
Vargas Vidot además indicó que las mujeres tienen menos movilidad, o sea, que se desplazan menos y tienden a permanecer en un mismo lugar. Este comportamiento las mantiene cerca de las fuentes de drogas.
“Cuando encuentran a un hombre que las sostiene (económicamente) se quedan. Se ajustan más al ciclo de la violencia a cambio de un poco de calor humano, de estabilidad social”, afirmó.
El mundo de la calle tampoco está exento de los prejuicios del resto de la sociedad.
Los hombres tienen mayores posibilidades de encontrar un empleo para salir de la deambulancia y las alianzas en la calle son más amplias entre los hombres que entre las mujeres, aseguró Vargas Vidot.